• Sábado, 24 de Junio de 2017

OTRO TIPO DE SUMISIÓN

Acabo de leer “Sumisión” de Michel Houellebecq. El libro vio la luz casualmente el mismo dio en que se producía el atentado contra Charlie Hebdo, la revista satírica “condenada” por el islamismo más radical que pagó con la muerte de su director y varios redactores eso que la sociedad llama, en un difícil ejercicio de inteligencia, la libertad de expresión. Houllebecq no deja indiferente a nadie en sus obras y aborda en esta, en un extraordinario ejercicio de interpretación de la realidad actual, un futuro incierto, casi inmediato, con muchos de los protagonistas de la vida política y social de hoy en Francia, en el que un musulmán –por lo visto moderado pero, sobre todo, sumamente inteligente– se convierte en el presidente de la República. Lo hace en un escenario definido por lo que se entiende que es la intelectualidad universitaria, lo que supuestamente debería implicar un estado mínimo de oposición y rechazo caracterizado por la intellegentia y, lógicamente, por el sentido común, que no el práctico. La Sorbona, radicalmente distinta, cae bajo el dominio del dinero y los intereses de Arabia Saudí, que también bajo el paraguas económico pero además bajo el de la poligamia, alienta la conversión al Islam de profesores y catedráticos. La polémica, una vez más, llegó sola, pero Houllenbecq plantea al lector una posibilidad real no basada exclusivamente en el peso demográfico de la sociedad musulmana en el país vecino, por otro lado con más raigambre en una nación con conocida historia colonial. 
El “ejercicio” de llevar al poder a un musulmán tiene mucho que ver con la escasa capacidad de reacción del resto de fuerzas políticas a asumir la realidad, que se plantea como lo que es la política, una necesidad constante de tácticas de alianza cuyo objetivo principal es excluir a quien no interesa. Remover conciencias es a Houllenbecq lo mismo que a un párroco la eucaristía. En un momento en que se están produciendo la más que insólita llegada masiva de migrantes a esta Europa que solo se plantea como alternativa a una crisis evidentemente humanitaria el “reparto” de los exiliados por países, la sumisión derivada del terror a las luchas árabes intestinas que alimentan la expansión del Ejército Islámico, cobra forma mediante el único medio disponible, la huida. Lo contrario es la muerte cierta. Marchar ofrece al menos alguna posibilidad. Y todo eso bajo el conocimiento de una civilización, la occidental, como siempre, solo capaz de interesarse limitadamente por la base del problema, por cierto ya aludido.