“IDEAS MUY CLARAS”

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, respaldaba este misma semana al exalcalde de Badalona Xavier García Albiol como candidato del PP en Cataluña a las elecciones generales de este año. Tiene “las ideas muy claras”, Rajoy dixit en una de esas manifestaciones tan propias de él y que, no sé por qué motivo, recuerdan a otras de idéntico calado, como las que en su momento, cuando la actividad ilegal del extesorero del PP Luis Bárcenas era más que patente a la vista de las pesquisas judiciales, calaron tan desafortunadamente para la credibilidad de la formación desde el momento en que antepuso la máxima credibilidad personal al mismo nivel que la incredulidad. 
Los resultados, ya se conocen. Sin duda, impulsar a García Albiol como alternativa a Sánchez Camacho en una autonomía en la que la cuestión política se centra en los ánimos independentistas solo puede ser entendida bajo la perspectiva de radicalizar una alternativa de gobierno en un área renuente, como se ha demostrado, al voto conservador. 
Si de profético tiene algo el máximo responsable del Ejecutivo es precisamente por lo errado de sus apreciaciones y por ese silencio tan clamoroso que al que con reiterada insistencia recurre la oposición para descalificar su capacidad de gestión. Y es que García Albiol –por otro lado exculpado de un presunto delito xenófobo al distribuir panfletos contrarios al colectivo de inmigrantes– tiene al menos el valor de no ocultar sus preferencias y de llegar a un electorado que no va a hacer esfuerzo alguno por analizar los contenidos de un discurso trasnochado, populista y ajeno a la realidad de este país, cuando no incitador al odio. 
Siembra, que algo siempre queda. La máxima es aplicable sobre todo en esto de la política, en especial de cara a los electores que se mueven en determinados ámbitos geográficos en los que la presencia de otras razas se ha hecho más que patente. 
Se trata en definitiva de ocupar un espacio aun más extremo dada la escasa eficacia de un discurso más moderado y acorde con los tiempos, solo ceñido al ámbito de la descalificación política pero nunca del rechazo al sentido de la humanidad que debe caracterizar a toda persona. Aunque tal vez esto no tenga mayor importancia, sobre todo cuando lo que al ciudadano medio le puede de verdad escandalizar es el hecho de que la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, haya quedado impune tras huir de un control policial.