APOLOGETAS

Lo más reciente que conocemos sobre este concepto es la reciente detención de un vecino de Narón acusado de apología del terrorismo y que ayer mismo la Audiencia Nacional dejó en libertad con cargos. Su “iniciativa” de poner a la venta ropa con imágenes, entre otras, de un miembro del Ejército Islámico a punto de ejecutar del modo más atroz a un rehén, no tiene excusa, como tampoco lo tiene el hecho de hacer proselitismo de las ideas y acciones yihadistas. Pese al conocimiento del ser humano, no deja de sorprender que alguien pueda cometer crímenes sustentándose en tan peregrinas como falaces y incomprensibles razones. Idéntica perspectiva conlleva defenderlas. 
Conrad ilustraba muy bien, en una de las primeras denuncias públicas sobre la capacidad del hombre para someter a otros, “El corazón de las tinieblas”, hasta qué punto el individuo alcanza tal estado. El “terror”, que no es ni más ni menos que lo infunde el terrorismo, está en esa delgada línea que separa lo racional de la locura. Brando lo dejaba sentir en la piel del espectador a través del coronel Kurtz en “Apocalypse now” de Coppola (aquí es necesario ver la versión extendida de la adaptación de la obra de Conrad), que solo tiene un fin: la muerte, sea la propia o la ajena, pero siempre aterradora, cruel, desproporcionada, salvaje, obligadamente sangrienta. Se entiende al apologeta como la persona que defiende una doctrina o credo, principalmente religioso, pero también como aquel que defiende o elogia algo o a alguien. Bajo esta segunda perspectiva, no es por lo tanto obligadamente necesaria la crueldad ni el exterminio, sino el simple conocimiento –siempre en el concepto negativo del término– de que a quien se defiende –dejémoslo ahí– no merece tal prebenda. 
Apologetas, pues, podemos serlo con más frecuencia, incluso de forma rutinaria, sin apenas darnos cuenta o, de un modo más abrupto, incluso amparándose en las prerrogativas que cada uno posea. Para ejemplo, esa reunión entre el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, y el, con toda seguridad, correligionario Rodrigo Rato, exministro, exdirector del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia. 
Establecer un trato que conlleva un más que evidente favoritismo queda demostrado no solo por la elevada responsabilidad de quien lo hace, sino también por haber utilizado el despacho ministerial para ello. Por supuesto, como se evidencia, hay muchas clases de apologetas. Nada comparable, en resumen, un caso con otro.