• Lunes, 11 de Diciembre de 2017

independentismo y educacion.

Lo que sucede en Cataluña no surge por casualidad, tampoco por generación espontánea.

Lo que sucede en Cataluña no surge por casualidad, tampoco por generación espontánea. Los independentistas recogen ahora el fruto de una siembra que, durante 40 años, han vigilado y atendido a la vez que regado y alimentado a través de la educación. Las generaciones de jóvenes que se formaron en los centros educativos han sido instruidas en el odio a España a la que se les ha presentado como el enemigo en las aulas. Esos jóvenes que ahora se han hecho mayores son la base del movimiento totalitario que sostiene en las urnas y en las calles a los secesionistas. 
En su día, el Estado cedió las competencias en educación a las comunidades autónomas y estas las utilizaron sectariamente para fabricar independentistas convencidos. Aquella cesión de competencias fue un error histórico cuyas consecuencias podemos tocar hoy. Algo parecido ocurre en el País Vasco y, con menor calado, en Galicia. Es un arma potente y me temo que erráticamente valorada por los gobiernos centrales que, desde distintas ideologías, han facilitado esta concesión irresponsable. 
Durante años hemos vivido polémicas por la marginación de la lengua española en las aulas. No era por azar, sabían lo que hacían, era parte de la formación que les querían dar. Los currículos de las asignaturas de historia también estaban diseñados al servicio de una operación superior y a largo plazo. El Ministerio de Educación ha sido una comparsa que no podía actuar porque había sido despojado de sus competencias en favor de las autonomías. Nunca entendí qué sentido tenía este ministerio más allá de tener un ministro al frente con su legión de asesores. Y este es el nudo gordiano del problema; cientos de miles de jóvenes formados en el pensamiento único del independentismo radical y convencidos de que “España nos roba”. 
Cada vez que los votos nacionalistas catalanes eran necesarios para dar mayoría en Madrid al partido de turno, el Estado aceptaba el chantaje independentista. ¡Cómo iba el Gobierno a meter mano en las competencias de una autonomía si aceptaba sus votos en la investidura Las responsabilidades en esto son compartidas, porque lo hizo la izquierda y la derecha. Todos lo aceptaban mirándose de reojo y sin ser capaces de poner por delante los intereses generales a cambio de asentarse en el poder. Este proceso nos ha traído hasta aquí, hasta el límite de la ruptura que los catalanes nos plantean ahora y para cuyo reto, el Estado de Derecho parece no tener respuesta. 
Podremos inhabilitar a responsables políticos, sancionar a funcionarios y multar a ciudadanos que provoquen desorden, pero no podemos luchar contra una idea extendida entre una población que ha sido adiestrada en el fundamentalismo. Creen que obran bien y su conciencia está tranquila. Nada tiene que envidiar el sistema educativo catalán a los de las dictaduras que utilizan la educación de los niños para inocularles valores y sentimientos que responden a la filosofía que las mantiene. En educación le llamamos curriculum oculto a aquello que los estudiantes incorporan a su pensamiento de manera natural y sin necesidad de decírselo explícitamente. La educación ha sido el arma más potente del independentismo. Aún hoy lo sigue siendo.