• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Alberto Martí

La verdad es que pensaba escribir hoy alguna reflexión sobre Cataluña y sus circunstancias

La verdad es que pensaba escribir hoy alguna reflexión sobre Cataluña y sus circunstancias. Hoy que, por cierto, estoy en Barcelona, no lo haré. Y no lo haré porque tengo el deseo y quizá la obligación moral de dedicarle esta columna a un gran amigo y maestro que ya no está con nosotros, pero que vivirá para siempre en nuestro recuerdo y espero que en algún sitio más, si es que el Ayuntamiento hace un acto de justicia para con uno de sus conciudadanos que reúne todos los méritos para formar parte de la historia viva de la ciudad.

Decir que Alberto ha pasado por la vida haciendo el bien lo sabemos todos los que lo conocimos. Ahí está su trabajo primero como colaborador de otro grande como Fernando Suárez y después al frente de la Cocina Económica, a la que le dedicó todos los esfuerzos pensando solo en los más desfavorecidos, labor por la que nunca aceptó más reconocimiento que el que beneficiara a la propia institución. Alberto nació en Santiago, pero siendo casi un bebé se trasladó a La Coruña, ciudad a la que amó con la limpieza y entrega con la que se adora a una madre. Aquí formó su familia y desarrolló su profesión consiguiendo el reconocimiento de toda la profesión periodística y la admiración del público al servicio de quien se jugó la vida más de una vez para facilitarse la mejor imagen de cualquier noticia que se produjera en la ciudad.

En cada negativo ponía su corazón y cada instantánea tenía una historia. Con su memoria te explicaba cada una de las fotografías que tiene su archivo, y son millones, diciéndote el porqué de cada foto y quién aparecía en la misma. Ese archivo que es la memoria histórica de La Coruña y que alguna institución debe rescatar para hacer el museo fotográfico de la ciudad. Gracias a Alberto pudimos publicar diversos folletos que miles de coruñeses guardan como pequeños tesoros. Jamás nos quiso cobrar, él estaba al servicio de su ciudad y contribuir a la difusión de su historia lo tenía como una obligación. Fueron muchas horas, muchos días analizando negativos para elegir las mejores fotos que incorporar a nuestras publicaciones.

Maria del Carmen García Neira, mi segunda madre y siempre leal colaboradora, se emocionaba escuchando a Alberto contarle cómo había hecho aquella fotografía y su significado. Él también se emocionaba y sus lágrimas nos recordaban que la gran historia de nuestra ciudad está llena de héroes anónimos a los que nunca debiéramos olvidar. Él no pudo cambiar su lugar de nacimiento, me atrevo a decir que lo hubiera hecho, pero ahora bien podría la ciudad hacerlo hijo adoptivo y recordarlo para siempre en nuestro callejero. Espero y deseo que haya altura de miras en los responsables municipales porque una decisión en tal sentido tendría el aplauso de toda la ciudad.

Quiero agradecerle el cariño que siempre me demostró ofreciéndome ese abrazo que uno necesita cuando le flaquean las fuerzas. Alberto ya no está, pero siempre vivirá en el corazón de los coruñeses que aman a la ciudad y será recordado como un hombre bueno, enamorado de La Coruña a la que entregó su vida. Ahora está con quien siempre quiso estar y a los dos les mando un beso y una promesa: no dejaremos que esta ciudad te olvide. Hasta siempre, amigo.