• Domingo, 18 de Febrero de 2018

Hace pocas semanas se cumplieron los primeros 50 años del voto femenino en España. Asombrada les decía a mis hijas adolescentes: fijaos que hace tan solo 50 años que las mujeres pueden votar y ser elegidas. “Y antes qué hacían?”, me preguntaron inocentemente…
Qué decirles entonces de las mujeres saudíes. Por primera vez en su historia a las mujeres de este país, uno de los más ricos del mundo, se les reconoce el derecho a la participación política: podrán votar y ser elegidas en las próximas elecciones municipales del 12 de diciembre.
Arabia Saudí es la economía número19 en un ranking de 196 países, pero en materia de  derechos humanos es uno de los estados más atrasados del planeta. La prohibición de participar en la vida política es una más de las innumerables prohibiciones de la sharía (la ley islámica) que rige a la comunidad suní, mayoritaria en el país.  La misma que les impide conducir, viajar o trabajar sin permiso de sus maridos o dejarse tentar por “instrumentos diabólicos “ como una peluquería o un salón de belleza. La misma que les tapa cuerpo y rostro.
No es de extrañar que la posibilidad de acudir a las urnas y, más aún, de ser elegidas sea una auténtica revolución, aunque ésta sólo sea percibida por una minoría de momento, porque sólo serán 900 las mujeres de entre los 7.000 candidatos que se presentan a estas elecciones.  Además,  de un censo de 21 millones sólo se han inscrito para ejercer su derecho 130.000 mujeres.
Cabe pensar que no será tan fácil hacer creer que lo que les ha estado vetado durante toda la historia ahora se les permita. Es un pequeño paso, es cierto, pero desde luego a estas alturas del siglo supongo que  los jeques no esperarán aplausos y vítores por tan fausta medida.
Resulta paradójico que en estos momentos en los que Estado Islámico ataca de manera clara los pilares de la democracia occidental en los que se sustenta la  igualdad entre mujeres y hombres Arabia Saudi –principal apoyo económico y religioso del EI– juegue a dos bandas abriendo la mano al voto femenino. La sharía no concibe a otra mujer que la sometida a las órdenes de su marido, hermano o padre. En esa sociedad atrasada no cabe la posibilidad de una mujer libre e independiente y estos gestos de apertura parecen más bien un ligero acto de disimulo. Será seguramente por ello que tan pocas se han inscrito en el censo. Probablemente las propias saudíes no se crean aún del todo este “afán aperturista”.
(*) Carla Reyes Uschinsky es presidenta de
Executivas de Galicia.