PATERNIDAD INTRANSFERIBLE

Hace unas semanas una conocida me dijo que ella había

Hace unas semanas una conocida me dijo que ella había decidido no ser madre: “Yo lo tengo claro, sé que si quiero alcanzar el éxito profesional no puedo tener hijos”. Me pareció lapidario y, sobre todo, injusto. Hoy, trabajando en un proyecto sobre mujer y tecnología, otra amiga me cuenta que sacrificó un porvenir profesional por seguir a su marido y formar familia. ¿Algún hombre se habrá visto en la tesitura de elegir entre su carrera profesional o traer hijos al mundo? Me temo que pocos. Optar por no ser madre me parece legítimo, pero renunciar a la maternidad para poder desarrollar una carrera profesional plena me parece un castigo.
Es muy probable que la idea de elegir entre maternidad y trabajo esté ya tan enquistada en nuestro comportamiento social que se nos antoje un mal menor. Una simplificación aterradora. Una sociedad de progreso, donde las libertades individuales son reivindicadas desde todos los foros, donde la igualdad y el bienestar son banderas que salen a la calle a diario, no puede permitir que las mujeres tengan que elegir entre trabajo y maternidad. Las que deciden desafiar el reto e intentar llevar a cabo las dos cosas lo consiguen con sacrificios, culpas, renuncias y con la imprescindible red de apoyo familiar para conseguirlo. Por ello es tan necesario que la legislación vaya dando pasos en aras de compensar el lastre laboral que supone la maternidad para millones de mujeres.
Hace más de un año que está en el Congreso un informe sobre las medidas para incrementar los niveles de conciliación. Una de ellas es fundamental y podría tener un efecto inmediato. Me refiero a los permisos de paternidad intransferibles. En la actualidad los hombres pueden, si lo desean, asumir parte de la baja por maternidad. Lamentablemente son una ínfima minoría los que optan por ello, si bien muchas mujeres no desean compartir la baja. Esta voluntariedad hace que la brecha laboral entre hombres y mujeres se incremente. La mujer carga con el estigma de que llegado el momento de tener hijos será ella quien asuma la baja. El segundo acto es la reducción de jornada o las bajas por cuidado de los pequeños. Estos mecanismos tienen un efecto perverso y es que alejan a la mujer de la igualdad laboral. El informe lleva entre sus propuestas que las bajas sean repartidas entre los progenitores y sean obligatorias e intransferibles, es decir, que cada uno debe asumir su parte. La medida rompería con este círculo vicioso donde el empresario discrimina soterradamente a las mujeres en la contratación y en la promoción laboral.