• Martes, 21 de Noviembre de 2017

Mujeres a la mar

Lo prometido es deuda. La semana pasada le dediqué esta columna veraniega a saber de la presencia de mujeres en las compañías aéreas

Lo prometido es deuda. La semana pasada le dediqué esta columna veraniega a saber de la presencia de mujeres en las compañías aéreas, el balance no era para tirar cohetes. Les dije entonces que intentaría averiguar qué pasaba con las mujeres en el mar. Me temo que las cosas son aún peores.
Resulta que tuve la oportunidad de comprobar personalmente que las mujeres figuran y navegan, sí, pero no están al mando, los timones los llevan casi de manera absoluta los hombres… (¿Alguien podía pensar lo contrario?).
Nunca había cruzado el estrecho. Un enorme ferry, muy bien acondicionado, cómodo y con todos los servicios: cafetería, shopping, televisión en la sala premium… La mala suerte hizo que soplara levante y que el viaje de regreso fuese lo bastante movido como para que durante todo el trayecto decenas de mujeres pasaran por todo el barco repartiendo bolsitas para los estómagos afectados. 
Al bajar comprobé que en el puente de mando solo había varones. Nada fuera de su sitio. Cuando vamos a buscar las estadísticas comprobamos que el mar es de los hombres. 
Los informes de la OIT (Oficina Internacional del Trabajo) afirman que del millón doscientos cincuenta mil marineros que hay en el mundo menos de un 2% son mujeres. 
El mar ha sido siempre un mundo cerrado al sexo femenino, tanto que en casi todas las latitudes se consideraba que ellas traían la mala suerte si subían a un barco. Una leyenda negra que aún nos persigue.
En la marina mercante las cosas parecen avanzar con vientos favorables, aunque llevamos mucho retraso. La primera capitana de marina mercante sacó su título en 1992. Mercedes Marrero Valero, lo tiene claro “A las navieras les sigue costando mucho embarcar a mujeres, salvo aquellas compañías que no encuentran hombres y no les queda más remedio; pero no suelen ser las navieras más fuertes, al menos en España”.
A Louise Angel, una sudafricana de 30 años, la primera capitana de la compañía belga Safmarine, los colegas no le creen su cargo y le piden que les mande fotos desde alta mar para confirmarlo. En Alemania las capitanas son 5 de un total de 1400. 
¿Y en Galicia donde el mar es el sustento de tantas familias y la materia prima para una importante industria? Pues en el sector pesquero los vientos siguen soplando en contra.  Mi amiga y socia de Executivas Sandra Amézaga, buena conocedora del sector, me confirma que sí hay mujeres licenciadas en náutica y con título de capitán, pero son muy  pocas. 
El panorama es peor en los grandes barcos de pesca que faenan en alta mar. En los atuneros o merluceros no hay mujeres –me cuenta Sandra– “no les gusta que embarque una mujer”. Como si el tiempo no pasara sobre esa leyenda negra. Parece que los vientos de progreso aún no han barrido los prejuicios y tradiciones ancestrales y para muchos marinos este famoso refrán sigue teniendo todo su sentido, “La mar y la mujer de lejos se han de ver”.