• Domingo, 18 de Febrero de 2018

Seguro que a usted no le ha pasado desapercibido que quien tomó la decisión de mantener sentada en el banquillo a la infanta Cristina fuesen tres mujeres, tres juezas. Aunque algunos (as) puedan pensar que este hecho es una coincidencia, lo cierto es que no lo es tanto. La judicatura en España abrió sus puertas a las mujeres hace solo 50 años, antes las togas sólo las portaban los señores. Sin embargo, en este mundo tan varonil, las mujeres realizaron un sprint que las ha llevado a recuperar buena parte del tiempo perdido por la funesta discriminación histórica. Felizmente, la tortilla se dio la vuelta y, hoy por hoy, de todos los jueces españoles repartidos el 70% de las togas son femeninas. Las facultades de Derecho están dominadas por chicas. En Galicia la relación de los jueces que acceden a la judicatura fue de 8 mujeres por un hombre en el 2014.
Con estas estadísticas no resulta extraño que sean tres mujeres las que hayan tenido que asumir la tarea de decidir si juzgar o no a la hermana del rey. Sin embargo esta aplastante mayoría femenina en los tribunales desaparece a medida que vamos escalando en  la pirámide jerárquica  de la judicatura. En el Tribunal Constitucional sólo ha habido cinco magistradas en su medio siglo de historia. En el Supremo: de doce miembros sólo dos nombres son femeninos y esta es la regla que se repite en los más altos cargos de las instituciones judiciales. No sorprende, pues, que al tiempo que las tres juezas del caso Noós decidieran mantener a la infanta en el banquillo, otro grupo de juristas constituyeran la Asociación de Mujeres Juezas de España, AMJE.  Esta organización se ha estrenado con una jornada bajo un título que más parece un lema de campaña: “No hay Justicia sin Igualdad” que ha reunido en Madrid a mujeres provenientes del mundo judicial, arropadas también por nombres propios femeninos de otros ámbitos como la cultura o la política.
La nueva asociación está compuesta por doce magistradas de distintas jurisdicciones y procedencias geográficas para conseguir un acceso igualitario a la justicia y reivindicar mayores cuotas femeninas en los puestos de decisión de la justicia. A veces la historia avanza con pasos dubitativos, incluso en los órganos responsables de legislar sobre los derechos básicos de los ciudadanos. La judicatura tardó en abrir sus puertas a las mujeres y esta entidad ha sido la primera en beneficiarse de esa apertura, ahora queda abrir completamente todas las puertas a los puestos de responsabilidad  para que la justicia cumpla con su cometido: ser justa.
(*) Carla Reyes Uschinsky es presidenta de
Executivas de Galicia.