• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Nunca había presidido nada, ni siquiera mi clase en primaria

Nunca había presidido nada, ni siquiera mi clase en primaria. Hasta que surgió la ocasión de presentar mi candidatura a la presidencia de Executivas de Galicia, hace ahora cuatro años. Dicen que las cosas cuando menos se buscan aparecen, como si alguien de manera invisible guiara nuestros pasos. Hace cuatro años no tenía muy claro qué podía ofrecer a un colectivo de mujeres profesionales, empresarias, emprendedoras, mujeres directivas o ex directivas que la crisis económica expulsó brutalmente del mercado laboral. Lo único que tenía claro era que había cosas por hacer. Hacer visibles a muchas mujeres con enorme talento y grandes capacidades profesionales pero con poca proyección social y poco reconocimiento.
La frase que más he escuchado cuando pregunto por qué no hay mujeres en una mesa de expertos en un congreso, en un seminario, incluso en alguna tertulia periodística (cada vez menos, es verdad) es “es que no hay”. La lengua gallega tiene una expresión extraordinaria para responder a esta gran mentira: “habelas hainas”.
Están ahí, en las ciencias, en las artes, en los medios, en la agricultura, en las finanzas, en las fuerzas armadas, en la política, en la industria, en el deporte. Están pero no se ven. Es más, es muy probable que también en este caso una mano nada amable intente esconderlas o cerrarles las puertas a cal y canto.
Aún existen salones donde las mujeres no abundan, despachos donde les cuesta entrar y salas de juntas donde nunca se ha visto el rostro de una mujer. Tal vez ya no existan esas pintoras del XVIII que pintaban pero firmaban con el nombre del marido. Pero cuesta trabajo encontrarlas en los museos más importantes del mundo. Seguramente nadie impide correr a una mujer una maratón, como ocurrió hace medio siglo en Nueva York cuando un juez intentaba echar de la carrera a codazos y empujones a Kathrine Switzer. Pero cuando hojeamos un diario deportivo a las mujeres hay que buscarlas con lupa.
Estamos en el siglo XXI y aún debemos ir rescatando a grandes mujeres del olvido. Aún tenemos que señalar a una científica brillante en los laboratorios de nuestras universidades, revisar cada tribunal, cada jurado, para siempre constatar que aun no tenemos la misma representación que los hombres. El techo de cristal parece, a veces, de hormigón armado. Tenemos por tanto, mucho trabajo por hacer: educar a las generaciones que vienen, convencerlas a ellas y a ellos de que en la igualdad ganamos todos. Han pasado cuatro años desde que asumí la presidencia de Executivas y hoy mis compañeras depositan en mí otra vez su confianza y apoyo para un nuevo mandato. No existe nada más gratificante que sentirse arropada por un grupo de personas con las que se comparten ideas y objetivos comunes.Me van a permitir que se lo agradezca desde esta humilde trinchera, que también es la suya. Y la de todos ustedes.