• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Nunca me han gustado ni las prohibiciones ni las imposiciones,

Nunca me han gustado ni las prohibiciones ni las imposiciones, soy de esa generación del laissez-faire y estoy convencida de que el exceso de control provoca efectos perversos y crea más problemas de los que soluciona. En resumidas cuentas, cada día me vuelvo más liberal pero con algunas excepciones.
Hace unos días una de mis compañeras de Executivas de Galicia me envió el programa de un congreso de odontólogos de elevado prestigio internacional que tuvo lugar en Galicia. Leí con atención el díptico y comprobé que entre los 16 ponentes que intervenían sólo había hombres. Ni una sola mujer entre los 16 caballeros. Me llamó la atención, no se trata de la estiba, actualmente tan de moda, un sector cerrado a cal y canto a la entrada de mujeres. Hablamos de odontología, un área donde las mujeres representan más de la mitad de los alumnos en las facultades de todo el Estado. Es más, me llamó la atención que en el propio comité organizador sí hubiese profesionales femeninas, pero que a la hora de elaborar el panel de ponentes nadie tuviese el cuidado de fijarse en incluirlas.
La pregunta es obvia, ¿por qué? ¿por falta de sensibilidad? ¿por inercia? ¿porque se considera que las mujeres no están a la altura? No es la primera vez que me sucede. Hace unos meses llegó a mis manos un programa sobre competitividad empresarial. El programa contaba con cuatro o cinco intervenciones destacadas, ninguna mujer. En este caso me dieron como respuesta el consabido “esquenohay”. Me quedé pensando perpleja en la cantidad de mujeres que conozco en Galicia que saben “algo” sobre competitividad, incluso tuvimos hasta hace muy poco una secretaria de Estado, una directora general del ICO que, además, es ahora directora general de Economía. En fin…
No quiero extenderme en los ejemplos, tengo muchos. Pero esta vez el programa de los odontólogos -y conste que no tengo nada en contra de esta admirable profesión- me ha dado pie a pensar en la oportunidad de hacerles saber a estas instituciones la necesidad de que tengan presentes los criterios de género cuando se trate de realizar cualquier tipo de acción hacia el exterior.
Nadie puede pensar que no haya odontólogas de prestigio, expertas que estén con creces a la altura para figurar en esos prestigiosos encuentros y, si no lo hacen, es de suponer que es por simple descuido.
¿No sería recomendable una entidad, una comisión, un observatorio que se ocupara de promover los criterios de paridad entre sexos en los ámbitos de los medios de comunicación, las relaciones públicas o la organización de eventos? Seguramente si alguien les hubiese puesto sobre aviso de un panel tan exclusivamente masculino les hubiera permitido hacer los cambios oportunos.
Quiero ser bien pensada y parto de la base de que esto es producto de un despiste y no de la respuesta intencionada y poco ajustada a la realidad del “esquenohay”. A veces creo que nos equivocamos profundamente en lo verdaderamente importante. Centramos la energía en feminizar los sustantivos y adjetivos, y olvidamos que lo verdaderamente importante no es que ella sea odontóloga, lo fundamental es que ella esté en ese programa.