• Sábado, 24 de Febrero de 2018

Colonia/Tahrir

¿Se imaginan ustedes, señoras, que para pasear por las plazas del Obradoiro y de María Pita, por  la calle Príncipe o por la muralla de Lugo tuviésemos que ir acompañadas de escoltas y con un spray paralizante en el bolso ante el temor de ser acosadas sexualmente? La noche de fin de año en Colonia se convirtió en una pesadilla para cientos de mujeres, vejadas, robadas, algunas violadas por hordas de hombres de origen árabe en su mayoría. A medida que pasan los días se incrementa el número de denuncias y se confirma que se trata de una actuación coordinada en distintas ciudades. Resulta difícil comprender y asumir un comportamiento tan bárbaro, sólo explicable en una concepción medieval del papel de la mujer. 
El debate sobre la llegada de refugiados está abierto y será difícil abordarlo de manera sosegada, sin colgar etiquetas. Pero los datos objetivos están ahí. Lo acontecido en Colonia trae a la memoria lo sucedido en la plaza de Tahrir, en ese fenómeno mal llamado primavera árabe. En esa plaza, decenas de mujeres fueron violadas al amparo de las masas. Estos delitos, sin embargo, quedaron como una anécdota en la vorágine informativa del momento. Las primeras víctimas de este menosprecio del mundo musulmán hacia las mujeres son las propias musulmanas. El caso de Colonia destapan el drama que viven mujeres y niñas en los albergues para refugiados. En numerosos centros de acogida se detectan violaciones y agresiones sexuales a mujeres y niñas… Tanto es así que duermen vestidas y no se atreven a ir a los baños de noche por miedo a ser agredidas. En algunos de centros el 80% son hombres y comienzan a detectarse mafias que ofrecen sesiones de sexo con las refugiadas por 10 euros.
No es de extrañar que en Bélgica los poderes públicos hayan decidido impartir cursos de respeto a las mujeres en los centros de acogida. ¿Cuál será el contenido de los cursos? ¿Que violar a las chicas está mal? ¿Que eso no se hace en Europa? El secretario de Estado de Asilo e Inmigración belga tiene buenas intenciones, pero lo que mueve a actuar así a cientos de hombres difícilmente se resuelva con cursillos. Comunidades árabes llevan conviviendo décadas en las grandes ciudades europeas y no teníamos noticias de este tipo de fenómenos. Atención, por tanto, a las generalizaciones. Ni todos los refugiados, ni todos los musulmanes, ni todos los árabes son violadores. Pero tampoco debemos mirar para otro lado y menos insinuar, como hizo la alcaldesa de Colonia, que la culpa la tienen las víctimas por no mantener una distancia adecuada con gente que no se conoce. Eso es confundir a la víctima con el culpable.
(*) Carla Reyes Uschinsky es presidenta de
Executivas de Galicia.