Carta a las Reinas Magas

Ojalá esta lacra histórica llamada desigualdad de género se superase reemplazando a los reyes magos por reinas magas en las cabalgatas. Ojalá sólo se tratase de que los niños en lugar de sentarse en los brazos musculosos de Baltazar, Melchor  y Gaspar, lo hiciesen en el regazo maternal de Juana, María y Rosa y se entretuviesen jugando  con lánguidas trenzas o melenas de colores. La tarea sería un juego de niñas.
No lo es. Pero como aún estamos impregnados de la magia navideña y en estas fechas todos somos víctimas de un ataque de buenismo, vamos a imaginar que podemos pedirles a las Reinas Magas lo que más deseamos. Yo tengo mi carta preparada. Ahí va.
Hemos cerrado el año de manera sangrienta, como si los maltratadores apurasen los minutos para, de manera macabra, aumentar el número de víctimas. Son 57 las almas femeninas, 57 familias destrozadas. Mi primer deseo es que esto cese. No hace falta que dé más explicaciones, ¿verdad? Puesto que estamos dominados por la actividad política y los cinco o seis líderes que entran y salen de los telediarios negociando posibles pactos de toda condición, me pido que haya más mujeres que hagan este arduo trabajo, dicen los couchers (oficio tan de moda) que ellas tienen más capacidad negociadora y de diálogo). Que les dejen intentarlo pues, ahora que parece irremediable una segunda ronda de elecciones….
También me pido que sean liberadas todas las esclavas sexuales secuestradas por el Estado Islámico, esos miles de mujeres -algunas niñas aún- que son entregadas a los fanáticos combatientes como recompensa por sus servicios. Es una vergüenza humana que seguro las reinas magas no toleran.
Estoy convencida de que en  la educación,  en el acceso al mercado laboral de manera masiva y en su consecuencia inmediata, la independencia económica, está la llave maestra para la igualdad. Por ello me pido que cada día sean más las chicas que opten por las carreras científicas y técnicas, y rompan el  histórico estereotipo del “tu no vales para eso”. 
Me pido que el próximo concierto de fin de año de la Filarmónica de Viena sea dirigido por una mujer. Que las portadas de los periódicos deportivos reconozcan igual el éxito masculino que el femenino, que las futbolistas femeninas no tengan que competir en césped artificial por decisión de la FIFA. Y me pido que el próximo Secretario General de la ONU -que debe elegirse este año- sea una mujer. 
Podría seguir con una lista interminable pero soy consciente de que a las Reinas no se les puede pedir tanto, no sea que se les rompa el saco. Ahora bien, tampoco nos quedemos sólo en cambiar barbas por trenzas y melenas, señora Carmena. Si así fuese ya lo hubiésemos hecho hace mucho tiempo.
(*) Carla Reyes Uschinsky es presidenta de
Executivas de Galicia.