• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Un premio del que debería ser partícipe el electricista bibliófilo

Irina Bokova podría haber sido el nombre de una atleta del antiguo Telón de Acero con unos músculos aún más acerados gracias a su sobredosis diaria de anabolizantes que le permitía humillar a las occidentales, pero es el nombre de la directora de la Unesco. Ella fue la encargada de anunciar que el ingreso del código Calixtino en el registro de Memoria del Mundo. Todo un éxito que debería servir para redimir parte de la pena a Manuel Fernández Castiñeiras, el chispas de la catedral de Santiago, también conocido como el electricista bibliófilo, por ser el autor de la campaña de promoción de esa guía medieval de viajes. Cuando decidió que el códice estaba mejor en su casa, arrumbado en un trastero, que en el templo mucha gente se enteró de su existencia –a lo mejor hasta la Unesco–, así que habría que reconocerle su mérito. FOTO: manuel fernández castiñeiras | aec