• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

La Liga albanesa sería un magnífico destino

RUBI, rockerilla de los ochenta, tenía un novio que tocaba en un conjunto beat y al que le guardaba las baquetas en un bolso gris. Lluís Llach, que por los ochenta ya era un cantautor de los más veteranos de la Nova Cançó, guardaba en la funda de la guitarra un palo al que el llamaba L’Estaca. O era de buena madera, porque acabó en el desván cuando empezó a dedicarse a otras actividades –ahora es viticultor y diputado independentista–, o le dio un tratamiento antipolilla fenomenal, porque la ha recuperado y ha amenazado con ella a los funcionarios catalanes con que morirán entre terribles sufrimientos si no apoyan la desconexión. Pero alguien que fue cantautor conserva hasta la muerte un sentimiento edulcorado que a veces aflora, como ahora, cuando la Liga ha dicho que los equipos catalanes se irán a la calle si hay independencia. Llach ha respondido que el Barça sería un caramelo para el campeonato de cualquier país. Pues nada, hombre, a apuntarse a la de Albania, que está falta de dulce. FOTO: lluís llach, bajo un techo de cristal | aec