Lendoiro deja su silencio sepulcral

LENDOIRO, un ejemplar padre de familia –consiguió el pleno para su prole, por cierto, bastante numerosa–, fue un presidente nefasto para el Deportivo. Es verdad que se ganaron títulos, pero dejó el club siendo pobre de solemnidad y al borde de la desaparición. Todo porque no era muy amigo de cumplir las normas y los plazos, inclinación que mantiene, puesto que pretende que las elecciones blanquiazules se adelanten seis meses, propuesta que hace al mismo tiempo que recomienda unidad al deportivismo, como si fuese la voz de la conciencia; ¿será que le remuerde la ídem?