Giovani Ramírez nos invita a “compartir”

El Club del Mar de San Amaro ofrece la muestra “Compartir”

El Club del Mar de San Amaro ofrece la muestra “Compartir” de Giovani Ramírez (Tinaco, Venezuela, 1954), un título que hace honor a la extraordinaria empatía con que, llevando menos de un año en nuestra ciudad, se ha integrado entre sus artistas y asumido la impronta de sus gentes y sus paisajes. Así, sorprendido por el carnaval de la calle de la Torre, donde habita desde su llegada, ha recogido la esperpéntica traza de sus choqueiros y kilomberos y los ha pintado con todo el fasto cromático de sus rompedores disfraces y sus gesticulaciones provocadoras.
Junto a ellos aparecen retratos, en interpretaciones sui generis, como el del genial cómico Cantinflas al que representa, en atrevido contrapunto, nada menos que bebiendo cerveza Estrella de Galicia; o el de Gandhi que opone su bondadosa faz y sus rojizas carnaciones hindúes a una negra y humeante locomotora. También homenajea a Picasso, al que dibuja rodeado de algunos de sus más conocidos iconos; y rinde tributo a Frida Kahlo, heroína del pincel, y a nuestra María Pita, esa otra heroína de nuestros avatares históricos.
Retrata también a sus seres queridos: hijos, nietos y se autorretrata, dando muestra no sólo de su dominio del dibujo, sino de que sus motivaciones están allí donde la realidad humana late con acentos cordiales. De hecho, se declara abiertamente como pintor realista y disiente de las tendencias abstractas que muchas veces enmascaran incapacidades.
Buscando, pues, reflejar lo que le rodea con acentos fidedignos se ha encontrado con nuestro paisaje; y ha sabido captar sus evanescentes luces, sus fluyentes tonalidades que nos devuelve en suaves entonaciones de grises violáceos, entreverados de casi blancos ocres, dando imagen, así, a Sabón, a Lorbé, a las Xubias, a la Dársena..; y es notorio, sobre todo, que ha sabido transmitir, con cromatismo atemperado y pinceladas suaves, las apacibles mansedumbres de la ría de O Burgo, o los bajíos de Ponte do Porco, ahí donde la luz se fragmenta en docenas de matices que se alejan silenciosos hacia el sereno horizonte.
También se ha atrevido con una gran panorámica de A Coruña que recoge, desde el Matadero, el inmenso arco de Orzán y Riazor, con el coruñesísimo frontispicio arquitectónico que lo rodea, cantando y contando, a la vez, entre dos inmensidades azules de cielo y mar, la “épica” playera de los ciudadanos que merodean sobre la arena y junto a las rocas o que se bañan en las aguas.
El pincel, pues, de Giovani Ramírez se ha mojado en nuestras luces, como si de siempre le perteneciesen, y ha encontrado sus armonías y sus contrastes, su melódico y escurridizo fluir y quizá también esa llamada hacia el umbral de lo inasible que nos caracteriza. De este modo ha entrado a formar parte de nosotros, que eso es lo que significa compartir.