• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

La mayoría silenciada

La presunta república catalana tendría similares garantías democráticas que la Popular de Corea del Norte, la bolivariana de Maduro y a publicitaria de Ikea.

La presunta república catalana tendría similares garantías democráticas que la Popular de Corea del Norte, la bolivariana de Maduro y a publicitaria de Ikea. O sea, a dos dictaduras y a un spot. Ese es el camino diseñado por el separatismo y enfurecido por su punta de lanza, la extrema izquierda totalitaria de las CUP. Imponer como sea, y violando las leyes y derechos que sea preciso, sus designios y delirios, prefabricando para ello un spot de una falsedad gobelssiana y estalinista que a fuerza de martillear ha concluido en parecer como verdad revelada. Pero cuya mentira es de origen, de camino y de destino.
Mienten más que hablan. Mienten con desvergüenza, con la impunidad de quien sabe que no será replicado, porque no permite que la réplica se escuche. Mienten en todo. Cataluña no solo no es un “país oprimido” sino que ha sido la democracia española la que le ha otorgado el mayor nivel de autogobierno de su historia y de Europa y un respeto de sus señas identitarias, que ellos han extremado hasta convertirla en persecución de la lengua común y compartida.
Mienten sobre el futuro. La UE ha dicho que quedaría fuera, que su acto es de agresión no solo a las leyes españoles sino también a las europeas y la ONU ha expresado con la misma contundencia que el derecho de autodeterminación solo es para colonias y pueblos oprimidos. Argumentario y argumentadores a los que solo cabe definir como “un saco lleno de mentiras”, frase que tomo prestada de Alfonso Guerra.
Porque si hay alguien que se esté comportando de manera impositiva, opresora y represora son ellos. Una muestra fue el esperpento parlamentario reciente pero las pruebas han sido desde hace lustros y ahora con total descaro, continuas y cotidianas. La más eficaz el adoctrinamiento desde la guardería, la estigmatización del “desafecto” y la utilización de los medios de comunicación. Todo ello para lograr arrasar y amordazar a la mayoría, porque es mayoría, lo fue en las urnas que quisieron ser plebiscitarias y se quedaron con solo un 47,5% contra un 52,5% de votantes lo que significa un apoyo real al secesionismo de poco más de un 30% del censo, y porque lo es, a tenor de los sondeos, cada vez más creciente. Una mayoría que en vez de llamar silenciosa ha de ser mejor definida como silenciada. Porque esa es la realidad: Una mayoría silenciada.
En Cataluña y que ahora quiere extenderse a toda la ciudadanía española, a la que pretenden silenciar por la vía de extirparle su soberanía. Un intento este, el de expropiación de nuestros derechos, que nos compete a todos, pues a todos los españoles a quienes pretenden robarnos y encima hacernos pasar por ladrones. Ahora lo que pretenden hurtarnos es el voto.
El votar en ocasiones no solo puede no ser un acto democrático sino exactamente lo contrario, pues se está usurpando un derecho de los demás, se apropian de lo que no es suyo y se pretende decidir en exclusiva sobre algo que ha de ser decidido por todos. La perfecta estafa a la democracia con la excusa de ejercerla. El último acto de la farsa es otra pretensión torticera: la de impunidad ante la Justicia. Para Puigdemont y para toda la tropa secesionista, la Justicia les “amenaza” y los tribunales les “persiguen”. ¡Qué gran confesión de parte!