• Martes, 24 de Octubre de 2017

TELONERA DE RAJOY

La vicepresidenta del Gobierno, Sáenz de Santamaría, ejerció de telonera de Rajoy, que se la juega el lunes que viene en el debate decisivo. Un cara a cara con Pedro Sánchez, el otro aspirante creíble a Moncloa. El presidente entiende que no será lo mismo enfrentarse al novato conocido que a dos novatos por conocer. Lo segundo es lo que no quiso hacer. Por eso envió a su número dos. Ya sabremos si Soraya está encubriendo a Rajoy o era Rajoy quien hasta ahora la estaba encubriendo a ella en el penúltimo escalón del camino hacia el poder.
En el debate fue cosa de ver como funcionó el resorte preventivo de la “menina” cuando el líder de Podemos, Pablo Iglesias, se dirigió a ella de esta guisa: “De aspirante a presidente a aspirante a presidenta”. Respuesta fulminante. “Aspirante a vicepresidenta, que es lo que soy”. Así frenó cualquier asomo de complacencia por su parte con los rumores sucesorios. La especie no es nueva, pero ha vuelto a colarse en los mentideros políticos y periodísticos. Y se ha alimentado al decidir Rajoy ser sustituido en el debate a cuatro del lunes pasado. Un acierto. La vicepresidenta ha ido sobrada en la cosecha de elogios. Sobre todo por su firmeza al afrontar el triple acoso de Rivera, Sánchez e Iglesias en el tema de la corrupción asociada a las siglas del PP.
Tampoco es que dijera nada nuevo. Sólo demostró capacidad para mantener la esgrima con los pregoneros del cambio mientras les acusaba de estar más pendientes de ganar votos con la corrupción que de combatirla. Luego echó mano del argumentario de su partido con particular eficacia. Uno, que los primeros en sufrir los casos de corrupción en el PP son sus militantes. Y dos, que el Gobierno Rajoy ha tomado medidas para combatirla. “Ahora podrá haber corrupción, pero no habrá impunidad”, remató.
Nadie tan indicado como Sáenz de Santamaría para impedir la imagen de un sesentón con fama de indolente debatiendo con tres cuarentones que han hecho del “cambio” su idea en esta campaña electoral. El presidente hubiera desentonado en una foto de los cuatro en línea. Soraya, no. Encaja en la foto del futuro de la política nacional. Por razones generacionales, claro. Y ahí estuvo el principal acierto del presidente al no acudir al debate, en estricta aplicación de un principio de conveniencia. Tenía mucho que perder y poco que ganar.
Por otra parte, la vicepresidenta hizo perfectamente su papel de telonera del presidente ante su cara a cara del lunes que viene con el líder socialista. El último de los debates programados antes del 20-D,