• Martes, 24 de Octubre de 2017

PODEMOS Y EL TEATRO

Pablo Iglesias, líder de Podemos, engaña a la ciudadanía cuando aparenta que trabaja por la gobernabilidad. Mentira. Sabe que un eventual acuerdo con los socialistas supondría hacer concesiones insoportables de la izquierda mochilera, salvo que las concesiones fuesen insoportables para los socialdemócratas de Ferraz. Y no están por la labor. Ninguna de las dos partes.
Iglesias nunca renunciará a una agenda social incompatible con la disciplina presupuestaria de Bruselas. Ni Sánchez admitirá jamás ese “derecho a decidir” que cuestiona la unidad de España, al convertirse en derecho a dividir la soberanía. Tampoco admitirán los socialistas la versión podemizada del “café para todos”, que consiste en llenarse la boca hablando de “plurinacionalidad”. Y dotarla incluso de un Ministerio ad hoc.
La verdad es que Iglesias trabaja por motivar a su gente, desgastar al PSOE –dividir antes de confiscar– y crear las condiciones que hagan inevitable la convocatoria de unas nuevas elecciones generales. Pide la luna y, si Sánchez no se la promete, le acusará de no querer negociar.
Todo eso es propio de un partido que vive de la teatralización, los efectos especiales y el tremendismo verbal. En el fondo lo que subyace es la esperanza del “sorpaso” en una nueva llamada a las urnas. Así que se trata de empujar a los socialistas hacia la derecha haciendo pinza con el PP, que a su vez los empuja hacia el radicalismo de un imaginario Frente Popular.
Lo de Iglesias es pedir lo imposible sin dejar de acariciar los oídos de Pedro Sánchez con cantos de sirena dirigidos hacia el punto débil de este, que es la ambición de poder. Y si al tiempo el PP, que tiene la misma capacidad de bloqueo que Podemos, empuja por la derecha para arruinar las esperanzas del candidato propuesto por el Rey, miel sobre hojuelas.
En los ritos de apareamiento escenificados por Podemos ante el PSOE (teatro, puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro), se percibe el deseo de ir cuanto antes a la repetición de elecciones. Una forma de encubrir los problemas internos de su organización (sufre de fracturas internas en al menos cuatro comunidades autónomas) y seguir sembrando cizaña en las filas socialistas.
A los chicos de Podemos los vamos conociendo cada día un poco más. Las tontunas ideológicas y las extravagancias de su catecismo (“Un país para la gente”), el padrenuestro blasfemo de Colau, los guiñoles ácratas de Carmena, el cuento de la lechera de Iglesias, el cambio de bando del concejal Barbero en las algaradas callejeras, los muertos de la Guardia Civil que “mata” un seguidor del alcalde Kichi están cursando como una verdadera vacuna contra estos becarios de la política.
Y de ese caldo de cultivo salen los apremios del chavismo-leninismo para que Pedro Sánchez, el candidato institucional propuesto por el rey para formar Gobierno, elija compañero de viaje. Pues está bastante claro, a mi juicio.