• Sábado, 16 de Diciembre de 2017

PODEMOS SALE DEL GALLINERO

Para una formación política adicta a los platós de televisión y crecida en la cultura del anabolizante (masa muscular en 15 días), es fundamental salir en la foto y reinar en los telediarios. En su anterior ubicación parlamentaria, inspirada en una iniciativa socialista, bien aceptada por los otros miembros de la Mesa del Congreso, los 65 diputados de Podemos habían sido relegados a una zona de sombras, en el llamado “gallinero”. O sea, a trasmano de las cámaras.
La Mesa rectificó el martes, tras estudiar la reclamación del partido chapista-leninista en el gobierno de la Cámara. El 26 de enero los siete miembros restantes dieron por buena la ubicación de Podemos en el gallinero, y ahora, a petición del grupo interesado, los mismos deciden bajar la cuña hasta la primera fila (tras el banco azul, se entiende). Y en ese lugar preferente se sentarán las tres primeras figuras de la izquierda mochilera: Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Carolina Bescansa. Los demás, hacia atrás, lindantes con el PSOE.
La metáfora de la ubicación da mucho de sí. Quienes creíamos que desplazar a Podemos al gallinero del hemiciclo equivalía a colocarlos en el gallinero de la política diaria hemos de admitir que este partido ha cobrado la máxima visibilidad en el escenario alumbrado por las urnas del 20-D. Aunque solo sea por su capacidad de bloqueo. De hecho, está compartiendo con el PP el poder de bloquear los esfuerzos de Sánchez por llevar a cabo el mandato del rey. El “yo o nadie”, formulado por Iglesias y Rajoy, es el principal obstáculo a la formación de un Ejecutivo con mayoría de diputados a su favor.
Según los indicios, en el anunciado encuentro de Rajoy con Sánchez volverá a escenificarse la innegociable hostilidad del PP. Y en cuanto a Pablo Iglesias, el martes volvía a excluir a Ciudadanos de sus planes, lo cual equivale a anticipar el fracaso de los intentos de Sánchez. Simplemente, porque los números no le van a ser propicios, teniendo en cuenta que de ninguna manera su partido le permitiría encamarse con Podemos. El propio Sánchez ha ido emitiendo señales de que no es su intención. A saber: su compromiso de atenerse a las resoluciones del Comité Federal del PSOE, el nombramiento de un equipo negociador incompatible con Podemos, insistencia en que no será presidente “a cualquier precio”, haber abierto el baile de las negociaciones con Rivera o afear las posiciones “exclusivas y excluyentes” del partido de Iglesias