• Sábado, 16 de Diciembre de 2017

NOS DUELE BRUSELAS

De nuevo nos aturde el absurdo grito nihilista “viva la muerte”

De nuevo nos aturde el absurdo grito nihilista “viva la muerte”, de amarga memoria hispana y tramposas invocaciones divinas, que asesina al grito de “Alá es grande” y mete el miedo en el cuerpo a quienes sentimos el placer de vivir. Si los terroristas consiguen aterrorizarnos es que van ganando. No ganaron en París el 13 de noviembre y espero que no ganen en Bruselas, donde la salvajada del martes, reivindicada por el ISIS, se ha cobrado 34 muertos. Una vez más, con el suicidio como método. La muerte del “mártir” multiplica la de los demás. He ahí la ventaja del terrorismo yihadista frente a quienes cultivamos el placer de vivir.
“Oh, muerte, ¿dónde está tu victoria?”, se pregunta el salmista y se preguntaba Henri Daniel-Rops (1901-1965). Respuesta: psicosis de atentado. He ahí su victoria. Consiste en inocular el miedo en el reino del bienestar televisado antes seguro e invulnerable. Ahora la serpiente ha puesto sus huevos en las ciudades europeas. La sensación de inseguridad o desprotección llega a esta parte del mundo. Desde el punto de vista técnico es difícil desactivar el riesgo asociado a personas con voluntad de matar, personas que quieren aterrorizarnos en nombre de su dios o de su patria, y además disponen de los medios necesarios para perpetrar sus acciones criminales. Imposible desactivarlo de la noche a la mañana. Para quitarles la voluntad de matar, adelante con la educación y las políticas inclusivas, que son palancas propias de nuestro recinto amurallado de libertades y bienestar. Y para quitarles los medios, adelante con las fuerzas de seguridad. Nos duele Bruselas. Duras estampas de dolor y sangre nos llegan desde allí. Sobre ellas planea el fantasma del tal Salah Abdeslam, recientemente detenido en la capital belga como supuesto cerebro de los sangrientos atentados del 13 de noviembre en París. Lo fácil es verlo como una respuesta por la detención del “octavo terrorista” de París. Pero las furtivas sucursales del yihadismo en el corazón de Europa no necesitan de pretextos sobrevenidos para amargarnos la vida.
En todo caso de esas estampas sabemos mucho en esta España nuestra, sufrida, solidaria y tantas veces conmovida por el horror que sembraron en su día por los que mataban en nombre de una patria y también por los que matan en nombre de Alá. Por eso no nos cuesta nada sumarnos a la reacción coral europea, que ve en la masacre de Bruselas una ofensa inaceptable contra la humanidad, y a la necesidad de unirse en la respuesta. Bastante hemos avanzado a escala nacional poniendo en común la posición del Gobierno y el PSOE, gracias al Pacto Antiyihadista propuesto por Sánchez en febrero de 2015 e inmediatamente asumido por Rajoy, semanas después del atentado a “Charlie Hebdo”.