• Sábado, 16 de Diciembre de 2017

NADIE ENGAÑÓ A NADIE

Nadie engañó a nadie en el paso de los separatistas (diecisiete diputados) por el confesionario de Pedro Sánchez el pasado martes. El candidato a la Presidencia del Gobierno mostró su oposición a la celebración de un referéndum en Cataluña. Por convicción propia, según tiene declarado, y por ser doctrina oficial de su partido el tajante rechazo a “la autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento”, tal y como se lee en la resolución del Comité Federal del PSOE del 28 de diciembre.
Por su parte, las fuerzas sindicadas en la operación separatista (ERC y la antigua CDC, ahora llamada Democracia i Llibertat), dejaron claro en sus encuentros con Sánchez que sin el ejercicio del derecho a decidir no habrá abstención cuando el líder socialista solicite la confianza del Congreso. Nada nuevo. Si acaso, la oportunidad de ver a estas dos fuerzas nacionalistas en un “mundo paralelo” al de la política nacional. La expresión es de Joan Tardá (ERC), que tampoco engaña: “Nos debemos a un bien superior que tenemos que preservar”. Se refiere a los intereses y los objetivos del Gobierno catalán, del que “seremos soldados no armados” (sic).
Efectivamente, nada que ver con la realidad en la que se mueven las fuerzas políticas más comprometidas con el marco constitucional (PP, PSOE y Ciudadanos). Una realidad y un marco donde tampoco encaja el partido chavista-leninista de Pablo M. Iglesias, asimismo empeñado en exigir a Sánchez el pago de la misma prenda por allanarle el camino a la Moncloa: el llamado derecho a decidir, que es realidad es el derecho a reventar el dogma legal y emocional de la soberanía única. Por tanto, el desencuentro socialista con los dos partidos coaligados en la Generalitat en pos de la desconexión con España también constituye un enésimo desmentido al malicioso discurso del PP, que pregona la complicidad de Pedro Sánchez con populistas y separatistas para convertirse en presidente “a cualquier precio”.
El líder del PSOE volvió a ser explicito con los nacionalistas catalanes: “Quienes defienden el derecho a decidir, como Podemos, deben saber que la Constitución no reconoce la fragmentación de la soberanía nacional”. Pero mejores testigos de sus intenciones fueron Francesc Homs (DiL) y Joan Tardá (ERC), sus interlocutores. Separatistas. Ambos explicaron que Sánchez les había dejado claro que nunca aceptara un referéndum, lo que para ellos es “inexcusable”, al menos para abstenerse en la investidura.