• Martes, 24 de Octubre de 2017

Líderes averiados

Una curiosidad robada a las encuestas conocidas

Una curiosidad robada a las encuestas conocidas a lo largo de los últimos días, incluido el sondeo del CIS, es la relación inversamente proporcional entre la valoración de líderes y la de sus respectivos partidos. Los peor valorados son los que lideran partidos con más alta cotización electoral. O sea, Iglesias (3,4) y Rajoy (3,09). Y al revés, los dos partidos con menos intención de voto, Ciudadanos y PSOE, tienen a los dos líderes mejor valorados por los votantes, Rivera (4,1) Sánchez (3,9) respectivamente.
Pero es especialmente significativo el índice de rechazo que los cuatro líderes tienen en sus propias organizaciones. A saber: Pablo Iglesias tiene un saldo positivo del 52%, lo que significa que hay un 48 % que no congenia con él. De los cuatro es el menos querido por su gente. En el caso de Pedro Sánchez, el saldo es del 61 %. O sea, que tiene a un 39 % de desafectos entre los suyos. Y los mejor aceptados son, con gran diferencia, Rajoy y Rivera. El presidente del Gobierno en funciones y candidato del PP compensa su mala valoración entre la ciudadanía con la buena aceptación entre los suyos, pues tiene tiene un saldo positivo del 79 % (21 % de discrepantes), mientras que el saldo positivo del lider de Ciudadanos, también muy alto, es del 77 (23 % de discrepantes). De modo que el líder peor visto entre los suyos es Iglesias. Tampoco puede estar muy satisfecho con el grado de aceptación en sus propias filas el líder del PSOE. En este caso, las siglas quedan contaminadas del reproche más extendido: la doble ambigüedad de Sánchez. Por un lado, respecto al trato con Podemos, como socios potenciales o como los adversarios que quieren liquidar al PSOE. Y por otro, respecto a Cataluña y al famoso derecho a decidir, nunca valorado claramente como el germen de la disgregación de España, aún al precio de refundar el PSC. Sin perjuicio de apostar por la reforma de la Constitución, no para colar el derecho a decidir sino para reafirmar el dogma de la soberanía nacional única e indivisible.