• Jueves, 14 de Diciembre de 2017

Eurófobo Puigdemont

Uno las ha tenido que recibir de todos los colores por sostener

Uno las ha tenido que recibir de todos los colores por sostener que las posiciones de Puigdemont, el gran timonel de la Cataluña una grande y libre, se parecían cada vez más a las de gente tan poco recomendable como los líderes de la ultraderecha europea, Nicolás Maduro, Otegui, el Sinn Fein irlandés, los nacionalistas flamencos y los desestabilizadores cibernéticos de Rusia. Al menos en lo que se refiere a Europa. Sin embargo, los hechos nos han venido a dar la razón.
Ahora podemos ir más allá y afirmar que el europeísmo teórico de los nacionalistas catalanes era puramente instrumental. Solo si podía aprovecharse como nutriente de la causa. Pero, ay, cuando Europa les vuelve la espalda y les recuerda que las leyes son para cumplirlas, entonces se vuelven eurófobos.
No es de ahora mismo la sobrevenida aversión del nada honorable expresident. Ya había entrado en su campaña cuando, recién convertido en turista de conveniencia en Bruselas, abroncó en público a los principales jerarcas de la UE. Por apoyar el “golpe de Estado fascista” del Gobierno contra las instituciones catalanas. El colmo fue cuando Juncker, presidente de la Comisión, dijo alto y claro que “el nacionalismo es el veneno de Europa”. Demasiado para Puigdemont, acostumbrado a presentarse al mundo como ejemplar intocable de una especie protegida.
“¿Es esta la Europa que quieren?, ¿Una Europa que mete en la cárcel a un Gobierno democrático?”, se preguntaba. Y tan grosero sermón pudo entonces agotar la paciencia de unos dirigentes cansados de apelar al cumplimiento de la ley y negar que España hubiese violado el Estado de Derecho. Ocurrió justo el día en que la junta de portavoces del Europarlamento rechazaba un debate sobre los “presos políticos” en España.
Creíamos que era la última prueba de que, en su escapada a la capital de Europa, Puidgdemont se había equivocado al contratar a un abogado y no a un psiquiatra. Ya los suyos empezaban a decir en privado que había enloquecido. Ahora ha redoblado los motivos para temerse que ha perdido la cabeza. El fin de semana nos dio más pruebas de su pataleta antieuropea.
A través de una radio israelí ha sugerido la necesidad de que los catalanes se pronuncien en un referéndum sobre su voluntad de pertenecer o no a la UE. Así hace su interpretación extensiva de lo que los nacionalistas llaman derecho a decidir.
Probablemente ahora se entenderá mejor en Europa de qué va esto del conflicto catalán. En Bruselas deben saber que si acaso no comparten esta sugerencia de Puigdemont se estarán ganando el calificativo de fascistas. Se lo ganarían con toda seguridad si, llegado el caso, no autorizasen el uso de las urnas para que los catalanes decidiesen si quieren o no quieren seguir en Europa.