• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

La España del sentido común

La XI Legislatura constitucional ya está en marcha. Primera señal de sano funcionamiento del Estado. Vendrán otras en la fase que se avecina (la formación del Gobierno) porque este país guarda grandes reservas de sentido común y es más civilizado de lo que los propios españoles estamos dispuestos a reconocer. Los mandatos de la aritmética y la política nacidos de las urnas expresan una voluntad de abrazar lo nuevo (partidos emergentes) sin dejar de apoyarse en lo viejos (el llamado bipartidismo). Es decir, asomándose a lo desconocido, pero sin saltos en el vacío, dando lugar a lo que un servidor ya calificó de “bipartidismo imperfecto”. Básicamente, un Ejecutivo en minoría del partido ganador de las elecciones con acuerdos de geometría variable, según los temas, preferentemente con los dos partidos que ocupan la centralidad: PSOE y Ciudadanos.
Antes de que eso empiece a perfilarse en el horizonte inmediato, hemos de quemar los intentos de formar Gobierno, primero el de Rajoy y luego el de Sánchez. Ambos tienen el derecho y el deber de intentarlo, pero ambos están llamados a fracasar por imperativos de la aritmética (y de la política, claro). Cuando todo parezca abocado a la repetición de elecciones, ya verán ustedes como un ataque de responsabilidad sobrevenida en los tres partidos que acaban de garantizar la puesta en marcha del Congreso (PP, PSOE y Ciudadanos suman 253 diputados) vuelve a garantizar la puesta en marcha del Gobierno, que será en minoría del PP con pronóstico de Legislatura corta. Y no me sorprendería nada en absoluto que hasta con una fecha de caducidad pactada.
Lo que pasa es que ahora estamos abducidos por estados de opinión creados por las conjeturas, del mismo modo que en vísperas de las elecciones estábamos abducidos por estados de opinión creados por las encuestas. Ahora la pelota está en el tejado de Rajoy, por mucho que se empeñen algunos en desviar la carga de la prueba hacia Pedro Sánchez. No tiene sentido adelantarse a los acontecimientos ni especular en barbecho. Nos conviene a todos huir de ese absurdo quinielismo que tiene a periodistas y políticos hablando en condicional desde que supimos que la estabilidad de España no está en manos de dos partidos sino de cuatro.
En manos de tres, en realidad, como queda dicho. La jornada del miércoles (constitución del Congreso) nos dio la prueba de que el afán siguiente (constitución del Gobierno) también va a estar en manos de los mismos tres, sin dejar de mirar a Cataluña. Podemos no ha intervenido en el cocinado final de la Mesa de la Cámara, aunque se respetaron los dos puestos que le tocaban por su representación proporcional. No intervino fue porque no quiso, al sentirse desairado en su reclamación de multiplicarse por cuatro en el hemiciclo. De ahí la rabieta televisada de su líder que, una vez más, le retrata.