• Sábado, 21 de Octubre de 2017

El empacho no alimenta

Escribía el jueves Harguindey, tan irónico y lúcido como siempre, que alguien pensó que el mando de la tele estaba averiado. Cielos. En varios canales al mismo tiempo aparecía la chispeante figura de Pablo Manuel Iglesias, con sus fungibles hazañas debidamente empaquetadas para consumo rápido de caja tonta en vísperas de unas elecciones generales. La perplejidad creció al comprobar que el mando funcionaba perfectamente, pero el atasco de material a mayor gloria del fundador de Podemos hacia irremediable la coincidencia de los referidos productos enlatados.
Aunque el empacho no alimenta, ahí seguimos. Si no quieres te, toma dos tazas. Justo cuando al día siguiente entraba en los circuitos una película de Fernando León de Aranoa en la que se plasman, a modo de reportaje, al parecer, los elementos genéticos y biográficos del nuevo partido (desde la fundación de Podemos en octubre de 2014) que inspiran la intención de echar del campo al histórico Partido Socialista Obrero Español, porque, según Iñigo Errejón, “para hacer la revolución hay que matar al padre”. Hace unos días en Sitges, Iglesias explicaba que se trata de quedarse con la herencia socialdemócrata, a la que “los socialistas de Pedro Sánchez han decidido renunciar”.
Como no he sido uno de los periodistas elegidos para ver en pase privado el documental de León de Aranoa (“Política: manual de instrucciones”, se titula), solo tengo referencias indirectas del mismo. Me quedo con dos, contrapuestas entre sí. Una la firman los dirigentes de Podemos tratando de convencernos de que no estamos ante un producto propagandístico sino ante un ejercicio de transparencia. Y otra, la que viene a reconocer que hay zonas opacas de su ideario del partido morado.
En cuanto a lo primero, declara Irene Montero, jefa de gabinete de Iglesias: “No tenemos nada que ocultar. Creo que ningún partido dejaría que se grabe como se nos ha grabado a nosotros. Hay muchos elementos de autenticidad. No hemos controlado nada”. Lo cual carece de mérito en un partido que no busca la coherencia ideológica (ay, la sombra populista de Laclau) sino ocupar el centro de un espectáculo de luz y sonido que transcurre sobre todo en los platós en televisión y las redes sociales.
En cuanto a lo segundo, nos topamos con un claro reconocimiento de que hay temas de permanente exposición al debate político que han decidido ocultar. Lo explica en el documental el propio Pablo Manuel: “Hablamos de lo que nos conviene, tratamos de elegir un escenario en el que podemos ganar”. O sea, como hacen el resto de los partidos.
En el caso de Podemos es evidente que les favorece hablar de desahucios y corrupción. Y no les conviene en absoluto hablar de lo que está ocurriendo en Venezuela o en Grecia, sus modelos ideológicos hasta hace un rato. Ahora, no se sabe. Y si se les pregunta, hacen divertidas excursiones a los cerros de Úbeda.