Debate a siete

En vísperas de la jornada electoral del 21-D, veo en la tele un debate

En vísperas de la jornada electoral del 21-D, veo en la tele un debate a siete. Uno por cada candidatura. Los nacionalistas han mandado a los subalternos y eso resta interés al cruce de recados. Los habituales entre bloques: los nacionalistas meten en el mismo saco del 155 a los constitucionalistas (ataque al autogobierno y Estado represor que golpea a los patriotas catalanes y encarcela a sus dirigentes). Y los constitucionalistas replican con las consabidas acusaciones a los nacionalistas (enfrentamiento civil, fuga de empresas, aislamiento internacional, como efectos de la operación separatista).
Más significativos resultaron los mensajes de ida y vuelta dentro del perímetro de cada bloque. En general, sin palabras. Basta ignorar al competidor. Así se expresaron, en silencio, los mutuos recelos entre los antiguos socios independentistas: la ERC del preso Junqueras y los ex convergentes del fugado Puigdemont, representados en el debate por Mundó y Rull.
Más o menos igual ocurría entre los rivales del otro bando: el socialista Iceta y la candidata de Ciudadanos, Arrimadas. Ambos con posibilidades de llegar a la presidencia de la Generalitat. La segunda, porque puede ser primera fuerza. Y el líder del PSC, porque puede ser presidente por descarte. Es decir, como mal menor, al aparecer con los pies posados uno a cada lado de las orillas del conflicto y ofrecerse como adalid de la transversalidad.
Lo demás es pura banda sonora de la campañ . Cada loco con su tema. Xavier Doménech, de Cat.En Comú-Podem, y su palabrera sed de “mayorías progresistas” menos identitarias y más preocupadas por la gente. Arrimadas, de Ciudadanos, con su voluntarista plan de choque para el retorno de empresas alérgicas al procès. García Albiol, del PP y su sueño tecnológico de un Silicon Valley catalán. E Iceta, del PSC, con su plan de empleo a partir de una inspección de trabajo bien dotada para combatir la economía sumergida.
Los representantes del procés, alineados hasta ahora en JxSi-CUP, ahora van por libre. Pero sin salir de la burbuja que les aleja de la realidad. El de la CUP, Vidal Aragonés, dejo clara su misión en la vida: “construir la república catalana”. Rull, de JxC, prometió a los presos que “el pueblo os sacará de la prisión. Y Mundó, de ERC, se disfrazó de víctima porque a alguien se le ocurrió mencionar el adoctrinamiento independentista de los niños catalanes en las escuelas. Con estas mimbres se hará el cesto. La suerte está echada.