• Martes, 24 de Octubre de 2017

¿ARDE PODEMOS?

Hay ruido de muebles en Podemos y Errejón lo niega. O mejor, lo interpreta de otro modo. Alega que no se ha podido evitar una insidiosa ofensiva del PSOE y sus “alrededores” (sic) con el propósito de sembrar la división en las filas de la izquierda mochilera. Ojo: acusa al PSOE de querer dividir el partido de Pablo Manuel Iglesias. Dijo la sartén al cazo.
Nada tan palmario en la reciente y penosa historia del tiempo transcurrido desde las elecciones como la insidiosa campaña de Podemos, con Iglesias, por hurgar en las heridas del PSOE con el propósito de dividir.
Mano tendida y lengua afilada. Así los dirigentes de Podemos han hecho todo lo posible por distinguir entre la militancia socialista y los aparatos de partido, la llamada vieja guardia y el nuevo equipo de Ferraz. Pablo Manuel llegó a aconsejar a Pedro Sánchez que se cuide de consejeros como Felipe González, “que tiene el pasado manchado de cal viva”. Todo ello in dejar de pedir a los socialistas que miren hacia su mano amiga. Sánchez no ha mordido el anzuelo. Al líder socialista se le hace cuesta arriba creer en esa aparente voluntad de diálogo. Por si había dudas, ahí quedan sus declaraciones: “Me gustaría fiarme de Iglesias, pero las cosas que veo y cómo maltrata al PSOE me hacen dudar”. Tiene razón. Por ejemplo, cuando Iglesias acusa al PSOE de haberse vendido al IBEX mientras sigue coincidiendo con el PP en el “no” al candidato socialista.
El ruido de muebles en Podemos ocupa los espacios informativos de los últimos días. Tiene una lectura amable si lo atribuimos a una lógica crisis de crecimiento en una organización de aluvión que se ha formado como una plataforma electoral, casi a la americana, pero no como un partido homogéneo, centralizado y de rasgos ideológicos comunes.
Es normal que sus adversarios políticos prefieran la lectura maliciosa. La que está relacionada con el malestar interno por el personalismo del líder y las discrepancias entre las distintas corrientes políticas e ideológicas cuya inserción en un tejido organizativo común se hace poco menos que imposible. Lógico.