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AL GRANO
LA AGENDA ELECTORAL
ANTONIO CASADO
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El llamado optimismo antropológico de Zapatero cotiza al alza en los sondeos. Nunca lo hubiera creído, pero afirmar que España es una de las economías más sólidas del mundo, que tenemos un barco seguro que conoce muy bien el rumbo, que España es uno de los mejores lugares del mundo para vivir en libertad y cosas así, a veces de muy difícil acomodo mental a la vista de una situación tan difícil como la que vivimos a escala nacional e internacional, ha tenido premio. O eso parece después del discurso desplegado por Zapatero en su rueda de prensa posnavideña. Durante los últimos días tres medios de comunicación tan distantes como El Mundo, Público y La Vanguardia han publicado encuestas sobre expectativas de voto a escala nacional. Es decir, en un hipotético escenario de elecciones generales.Las tres coinciden en otorgarle de nuevo la victoria al PSOE, a pesar de que un agobiado Gobierno no para de bracear para salir del agujero al que ha sido abocado por la crisis económica y, en consecuencia, por el acoso al que está siendo sometido por una implacable, pero lógica, ofensiva política del PP. Debe ser muy desalentador para quienes se sientan a ver pasar el cadáver de Zapatero -cadáver político- mientras ponen velas a todos los santos para precipitar el desenlace, que la realidad les desmienta una y otra vez. Pero es lo que hay. Además de otorgar una ventaja socialista de entre 2,4% y un 3,2%, los tres sondeos también coinciden en presentar al actual presidente del Gobierno como el líder más valorado por los ciudadanos. El asunto tiene un valor especial cuando se está reactivando la agenda electoral. Nos esperan dos meses de campaña hasta los comicios gallegos y vascos, cuyas urnas se abrirán el 1 de marzo. Y, tras un brevísimo paréntesis, enseguida volveremos a respirar en clave electoral a medida que se acerque la fecha de las elecciones al Parlamento Europeo, en el mes de junio. No es una buena noticia tener que enfrentarse una vez más a la actualidad política contaminada por los intereses electorales. Si a la pobreza de nuestro debate político añadimos la lucha por los votos, peor que peor. Pero es lo que hay. De entrada estos días ya nos hemos comido el coco en el empeño inútil por descubrir los motivos de Ibarretxe al hacer coincidir las elecciones vascas con las gallegas. Como si hubiera un sagaz movimiento del lehendakari para descolocar a sus adversarios. Nada de eso. Ha convocado cuando tocaba y, por otra parte, la coincidencia no mueve votos ni influirá en el desenlace del 1 de marzo.
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