
Las cuentas de la Concejalía de Movilidad reflejan que en los últimos meses, los usuarios del bus urbano están empezando a usar cada vez más la tarjeta social, que permite abaratar el transporte para jubilados, parados, escolares y universitarios. Concretamente, desde octubre hasta marzo, las cuentas arrojan un aumento del 35% en el número de viajes pagados por la tarjeta social. En total, siete millones de viajes de 22.

Las cuentas de la Concejalía de Movilidad reflejan que en los últimos meses, los usuarios del bus urbano están empezando a usar cada vez más la tarjeta social, que permite abaratar el transporte para jubilados, parados, escolares y universitarios. Concretamente, desde octubre hasta marzo, las cuentas arrojan un aumento del 35% en el número de viajes pagados por la tarjeta social. En total, siete millones de viajes de 22.
El que cada vez más viajeros recurran a esta versión de la tarjeta Millennium puede ser entendida como una medida de ahorro contra la crisis, sobre todo teniendo en cuenta que los parados pueden beneficiarse de ella. Es cierto que existen otros factores, como la creación del billete único para el área metropolitana, pero los expertos hacen hincapié en el hecho de que el cambio comenzó en octubre, mientras que esta medida se puso en prácticas a comienzos de febrero.
En enero, la tarjeta de bus para escolares, pensionistas y parados se empleó 298.759 veces, mientras que el mismo periodo de 2010 sólo se uso para 256.885 viajes. En febrero el aumento es aún mayor: de 255.611 en 2010 a 304.517 en 2011. En marzo hay un ligero descenso, pero aún así, se contabilizan 344.842 usos de la tarjeta social, mientras que el mismo mes de 2010 sólo habían sido 302.484.
La más barata de las tarjetas sociales la disfrutan los universitarios, porque la Universidad subvenciona parte del importe, pero en su caso el aumento en el uso ha sido menor, aunque también se ha podido constatar, sobre todo en marzo, cuando la emplearon para viajar más de 4.500 veces más que en marzo de 2010. Unas cifras que resultan bastante impresionantes, a juicio de los técnicos municipales.
Sin cambios > Para la Concejalía de Movilidad, de la que es responsable Yoya Neira, estos datos refrendan su política de subvenciones al transporte público, que tuvo que defender durante la última subida, en diciembre del año pasado. Ya entonces Neira había descrito como un compromiso del gobierno local mantener la tarifa social de la tarjeta Millennium. Desde el 1 de enero, abonar el coste del billete en metálico supone 1,14 euros, en vez de los 1,10 que costaba el año anterior pero la tarifa social es de 0,26 céntimos,
La general, es decir, la que se paga cuando se emplea la tarjeta Millennium normal, subió dos céntimos, con lo que pasó de 0,69 a 0,71. A pesar de que la subida era lo más baja posible, muchos viajeros se quejaron de que se siguieran subiendo las tarifas cuando el Ayuntamiento pretende reducir la presencia del transporte privado en las calles. La Concejalía de Movilidad había respondido que existía un gran número de usuarios que no aprovechen sus ventajas. Fuentes de la Compañía de Tranvías reconocen que hay pocas ciudades en las que el transporte esté tan barato y subvencionado como en A Coruña. En realidad, la fórmula matemática que se emplea para calcular la subida habría obligado a aumentarla 6 céntimos, pero el gobierno local lo rebajó a 4.
En la estación > Aquellos que reúnan las condiciones y deseen sacarse una de las tarjetas sociales, deben acudir al mostrador de las oficinas del Ayuntamiento en la estación de bus. Aunque se puede conseguir una tarjeta Millennium también en el palacio Municipal de María Pita y en el Fórum Metropolitano, sólo en la estación de autobús puede hacerse el solicitante con una tarjeta social, en horario de oficina. Se puede acceder a ella sin recargo y no es necesario pertenecer al municipio.
Hasta ahora, el uso de la tarjeta Millennium era irregular y solo era mayoritario dependiendo de en qué linea se viajara. Los conductores de los buses, por ejemplo, señalaban que los que viajaban a barrios periféricos como Novo Mesoiro y Los Rosales la empleaban más, hasta en un 80% de los casos, mientras que en otras líneas su uso descendía, un fenómeno que se achaca a que la población de estos barrios es más joven que asume las nuevas iniciativas con más facilidad. Sin embargo, la crisis obliga a modificar los hábitos de consumo.