Al finalizar la Eucaristía, desde el mismo altar, el primogénito de Miguel Delibes, el biólogo del mismo nombre, agradeció las numerosas pruebas de afecto que recibió la familia y la figura de su padre, que en los últimos tiempos tenía más ilusión en la otra vida que en esta, reconoció.La catedral de Santa María albergó el último tributo de los lectores a quien nos enseñó a mirar, como rezaba la dedicatoria de una de las centenares de coronas de flores a él dedicadas y firmada por Pacífico Pérez, protagonista de La guerra de nuestros antepasados.
No sólo Valladolid tiene en él a su novelista más emblemático, sino España entera y también la amplia comunidad de hispanohablantes, reflexionó durante su homilía el administrador diocesano de Valladolid, Félix López Zarzuelo, ante de los siete hijos del escritor.
El celebrante se hizo eco de la deuda impagable contraída por la sociedad con un periodista y narrador a quien no sólo debemos un sólido manejo del idioma, sino también el haber puesto su talento al servicio de la verdad.