A í che vai, Viqueira. É o único que podo facer por tí. Quien pronunció estas palabras lanzó sobre el féretro un objeto metálico. Podía ser un anillo. Un crucifijo o una moneda. Dicen que el último adiós a Xoán Vicente Viqueira, en A Lagoa de Ouces, marcó a quienes lo presenciaron más allá de su propia muerte. Aquel silencio, roto por las palabras imprecisas de un desconocido, se coló en la memoria de los bergondeses que el 28 de agosto de 1924 abarrotaban la campa. También dicen que fue uno de los grandes humanistas gallegos del siglo pasado y el mejor filósofo del país. Alumnos de la Escuela de Educación Infantil de Vixoi despidieron el curso escolar con un sentido homenaje al gran impulsor de la galleguización de la enseñanza, al intelectual que, paradojas de la vida, luchó por la nueva educación que ahora se antoja antigua.
Los pequeños, seis niñas y ocho niños, de tres a seis años, prepararon durante semanas una fiesta de las que, a todas luces, le gustaban a Viqueira. Entre vecinos, amigos, paisanos, lugareños
En San Fiz, en Vixoi, San Vitorio. Vestidos como Vicente, a escasos veinte metros de la quinta donde Viqueira compartió tertulia e inquietudes con institucionalistas, residentes y galleguistas.
Foi un exercicio moi completo, apunta la profesora Alicia López, que con la directora, Isabel Veloso, implicó a los niños en el conocimiento de Xoán Vicente y en las tesis de Viqueira, al lado de su casa o dentro de la propia finca donde comprobaron, boquiabiertos, cómo el carruaje en el que el protagonista se desplazaba hasta A Coruña en su etapa como docente en el Instituto Eusebio da Guarda, seguía intacto en las cocheras. Un dos nenos é bisneto do chófer, señala la maestra. Otro lo es del alcalde que compartió con Viqueira y los Cortón preocupaciones y celebraciones. Otro
En Vixoi eran una familia más, pero de principios, culta e educada... coa que tivemos o privilexio de tratar e de quen aprendemos moito, explica uno de los vecinos recordando al niño que un día en el río se quejó de la pierna.
Situada en la parroquia de San Pedro Fiz de Vixoi, ayuntamiento de Bergondo, la Quinta de San Vitorio ha sido testigo directo de un ir y venir de intelectuales de la talla de Francisco Giner de los Ríos o Ramón Carande. Si Federico García Lorca estuvo o no allí es un misterio, pero de lo que no cabe duda es de que en ella pasó su infancia Vicente Viqueira.
Durante una de sus últimas estancias en la casa, su hija Carmen incidía en la idea que esta semana los más pequeños subieron hasta el escenario del centro social de la localidad: Mi padre siempre estuvo presente en casa. Por una parte, mi madre nos hablaba mucho de él. Por otra, mis veranos en San Fiz rodeada de la familia y los vecinos, donde su recuerdo permanecía muy vivo. Por último, y habiendo llegado a la madurez, su obra me llevaba a imaginar su día a día en esta casa. Porque el gran humanista, psicólogo, filósofo y psicopedagogo salvó todas las fronteras, pero el Xan Vicente niño y padre de familia se quedó en San Vitorio, con los suyos. En el mismo punto donde, hace casi un siglo, mentres os labregos atendiamos a nosa laboura no campo, eles, nesa finca, na Casa de Cortón, se adiantaban aos tempos, estudiaban e traballaban a favor do país, das familias, dos galegos e as galegas, da educación , matiza otro de los vecinos que lo conocieron. Aquí lo prendió de todo, aquí fue donde se formó como persona y si no hubiese vivido en San Vitorio el que existiría sería otro, no el intelectual gallego que fue, señala su hija.
En 1984 Bergondo le rindió un merecido tributo. Una década antes se le dedicaron las Letras Galegas. La nueva fecha es 2009: sus niños, los de su Vixoi, los bisnietos de sus amigos.