23:17 h. Sábado, 20 de diciembre de 2014

 

Una multitud desconsolada despide a Chávez en las calles de Caracas

| Actualizado 07 Marzo 2013 - 03:30 h.
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 miles de personas rodean el coche fúnebre que porta el ataúd de hugo chávez
miles de personas rodean el coche fúnebre que porta el ataúd de hugo chávez

Miles de venezolanos tomaron ayer las calles de Caracas para dar su último adiós al presidente, Hugo Chávez, con palabras y demostraciones de desconsuelo por la pérdida de un líder que consideran insustituible y cuyo legado prometieron seguir.

Miles de personas rodean el coche fúnebre durante su marcha por la capital venezolana

Escoltado por miembros del Gobierno y de la Guardia de Honor Presidencial, el coche fúnebre con el féretro de Chávez cubierto con la bandera nacional avanzaba por las calles de la capital entre una marea roja que le mandaba besos y le prometía fidelidad y amor eterno.

“Te amaré por siempre, mi padre”, se leía en uno de los improvisados carteles que lucían los simpatizantes del presidente, fallecido el martes a los 58 años tras luchar contra el cáncer desde junio de 2011.

“Ay, mi Chávez. ¡Mi Chávez!”, lloraba desconsolada Rosa Valera, una jubilada de 69 años, al ver pasar el féretro del mandatario, cubierto de flores amarillas y blancas. Pequeños, adultos y mayores acompañaron la comitiva fúnebre con banderas venezolanas, fotografías, cuadros y camisetas con imágenes del gobernante, dando mensajes de apoyo al Ejecutivo.

“¡Estamos con ustedes!”, exclamaban los chavistas cada vez que divisaban a algún ministro o alto dirigente político.

El duelo general, patente también en los rostros de soldados que resguardaban la seguridad ciudadana y de los propios ministros, contrastaba con la habitual música llanera, las fanfarrias y canciones de batalla que no dejaron de sonar en este día triste.

“Yo vengo con un corazón en la mano. Creo que no podría vivir el resto de mi vida si no acompañaba al presidente, por lo menos, en este último paseo pues su cuerpo ya yace en un ataúd”, decía en un mar de lágrimas Alfredo Bozo, un ingeniero civil de 45 años, junto a su esposa.