Salto pasiego, de simplificar la vida de los pastores a deporte

Un momento de la competición | Pedro Puente Hoyos (efe)

n tiempos pasados una vara de madera –casi siempre de avellano– acompañaba a pastores y agricultores del valle cántabro del Pas y les simplificaba su trabajo para saltar los cercados.

En tiempos pasados una vara de madera –casi siempre de avellano– acompañaba a pastores y agricultores del valle cántabro del Pas y les simplificaba su trabajo para saltar los cercados. Hoy doce jóvenes recuperan esa tradición convertida en deporte: el conocido “Salto pasiego”.
El salto pasiego es una modalidad deportiva autóctona de Cantabria que recuerda lo que hacían los pastores, ganaderos y agricultores para realizar sus labores diarias. Para encontrar a quienes hoy practican esta modalidad deportiva hay que adentrarse en la comarca de los Valles Pasiegos, donde esa docena de hombres hacen de una cachava su pértiga, apoyo, sustento y vehículo durante las exhibiciones y concursos.
El salto pasiego, la modalidad de este deporte autóctono de Cantabria más tradicional y conocida, consiste en desplazarse desde un punto hasta otro utilizando un palo de madera a modo de pértiga. Pero, a diferencia del salto en los Juegos Olímpicos, en el pasiego el que gana es el que más lejos –y no más alto– se desplaza. El origen de esta prueba proviene de la tradición, ya que los antiguos pastores y agricultores cántabros utilizaban sus varas para atravesar ríos, saltar muros o atender al ganado.
Estos actos cotidianos para un pasiego se convirtieron en lo que el saltador Daniel Pérez denomina “un deporte tradicional” de Cantabria. El triple salto, el salto pasiego, rayar al palo o andar sobre él son las principales modalidades de este deporte regional. 
Para conseguir un buen salto pasiego, Pérez asegura a Efe que el truco reside en “coger carrera, echar el palo y avanzar todo lo que se pueda”. Rayar al palo es la disciplina más exigente porque obliga al pasiego a estirarse completamente mientras raya el suelo con el dedo, apoyándose solamente en su compañero “inseparable”: la vara. El deportista que más lejos hace su marca en la arena y consigue levantarse sin tocar el suelo es el ganador de esta prueba, un auténtico acto de fe y fibra en las piernas con el que los pasiegos, en su origen, intentaban alcanzar objetos lejanos.