• Domingo, 18 de Febrero de 2018

Una masa de grasa y aceite va de las cloacas a un museo

El Museo de Londres exhibe desde ayer el “fatberg”, el espeluznante descubrimiento en una alcantarilla del este de la ciudad de una masa de 250 metros de largo y 130 toneladas de aceite y grasa, sustentada con toallitas húmedas y otros productos sanitarios.

Una masa de grasa y aceite va de las cloacas a un museo
La exposición está abierta al público desde ayer en el Museo de Londres. EFE
La exposición está abierta al público desde ayer en el Museo de Londres. EFE

l Museo de Londres exhibe desde ayer el “fatberg”, el espeluznante descubrimiento en una alcantarilla del este de la ciudad de una masa de 250 metros de largo y 130 toneladas de aceite y grasa, sustentada con toallitas húmedas y otros productos sanitarios.
El término “fatberg” lo acuñaron los limpiadores de alcantarillas de Londres como un juego de palabras entre grasa (“fat”) y el anglicismo “iceberg”, para referirse a las acumulaciones de aceite que abundan en las cloacas de la capital británica. La palabra se incluyó en el diccionario en 2015 y se popularizó por todo el mundo como manera de referirse a una situación que, más allá de su comicidad, supone un problema severo de higiene pública. Las piezas en exhibición pertenecen al “fatberg” de mayor tamaño encontrado hasta la fecha, con unas dimensiones que equivalen a más de dos campos de fútbol de largo y un peso equivalente al de 11 de los autobuses de dos pisos tan representativos de la capital.
“Se trata de una sustancia que supone un peligro biológico”, explicó Sharon Robinson-Calver, la jefa de conservación y colecciones del Museo de Londres, quien añadió que “hay muchas bacterias en esta masa, que además desprende gases tóxicos”. Es por esto que las muestras presentadas al público se limitan a dos bloques pequeños, cada uno de ellos metido en tres urnas de cristal, al más puro estilo de las muñecas rusas, y selladas herméticamente.
La conservación de las piezas supuso todo un reto para los expertos del museo, quienes, tras muchos debates, decidieron secar los restos del “fatberg” para “poder estabilizarlos y controlar las bacterias”, apuntó Robinson-Calver, aunque aún después de estos procesos seguían apareciendo larvas de moscas entre los restos.
Para cerciorarse de que las muestras eran seguras, el Museo de Londres tuvo que trabajar con científicos y expertos de la industria en una tarea de análisis que incluyó, entre otras pruebas, escáneres de rayos X, que generaron imágenes que recuerdan a las de las nebulosas en el espacio. l