• Sábado, 25 de Noviembre de 2017

DEPORTIVO 0 - 1 ATLÉTICO MADRID

Injusto castigo al mejor Deportivo

El Deportivo cayó en Riazor en el mejor partido de la temporada. El más completo a todos los niveles. El más competitivo. Pero una falta botada desde la frontal del área cuando el choque llegaba a su fin acabó con la justa ilusión blanquiazul.

Injusto castigo al mejor Deportivo
La imagen refleja de manera fiel lo que fue el encuentro, demasiado premio para los colchoneros I javier alborés
La imagen refleja de manera fiel lo que fue el encuentro, demasiado premio para los colchoneros I javier alborés

El Deportivo cayó en Riazor en el mejor partido de la temporada. El más completo a todos los niveles. El más competitivo. Pero una falta botada desde la frontal del área cuando el choque llegaba a su fin acabó con la justa ilusión blanquiazul.
No obstante, Riazor –en buena lógica– aclamó el trabajo de jugadores y cuerpo técnico; la valentía ante uno de los colosos de Europa y el esfuerzo de los herculinos.
Desde el primer momento ya se vio que los de Cristóbal Parralo iban en serio. La primera parte fue más local que visitante. Con el Depor presionando alto, recuperando bien la pelota y acabando las jugadas. Cierto que la puntería del ataque coruñés brilló por su ausencia, ya que se chutaba pero nunca entre los tres palos, pero el equipo mantuvo a raya al Atlético con valentía y buena disposición.
Solo Griezmann, a los 23 minutos de partido, inquietó un poco a Pantilimon. El resto del primer periodo era controlado por el Depor y el Atlético no sabía salir de la presión, aunque tampoco le importunaba demasiado porque los de Simeone se encuentran cómodos en este tipo de choques.
Riazor pidió penalti sobre Sidnei y Lucas Pérez estuvo a punto de robarle la cartera a Oblak, que hizo un regate con salida de tacón incluido como si los papeles hubieran sido cambiados por ambos futbolistas. Además del buen tono blanquiazul fue lo más destacado de un primer periodo de control y fútbol táctico.

Cambia Simeone
El paso por los vestuarios supuso un cambio para los rojiblancos, que saltaron al terreno de juego encerrando al Depor en su área en los primeros minutos de la reanudación.
Poco a poco los coruñeses se fueron rehaciendo y comenzaron a interpretar de nuevo la misma partitura ensayada en los días previos. Presión y control. Pero el cuadro madrileño tiene en su área una especie de búnker y es muy complicado hacerle ocasiones.
A la hora de partido Simeone realizó cambios en ataque y el Depor respondió dando entrada a Mosquera por lesión de Borges y a Florin Andone para sumar en la vanguardia.
El envite se abrió y, aunque no hubo ocasiones nítidas siguiendo el guión de todo el encuentro, sí se llegó a un intercambio de golpes en el que, al menos a los puntos, el Depor era merecedor de más que el empate.
Después de que los dos entrenadores hubieran apostado por ganar el partido, a medida que los minutos iban encaminando el choque a su final, los visitantes hasta parecían conformarse con la igualada.
El cambio defensivo del ‘Cholo’, dando entrada a Giménez y retirando del verde a Griezzman es la constatación evidente de tal apreciación.
El choque se iba consumiendo y Riazor veía que, al menos, podría quedarse con un punto después del soberano esfuerzo. Aun así, ningún jugador bajaba los brazos, ninguno dejaba de mirar a la portería contraria. La valentía del Depor nunca decayó, ni cuando el conjunto madrileño se puso por delante con el partido ya en tiempo de descuento y con poco o nada que jugar.

La injusta sentencia
El gol del Atlético de Madrid fue como un sopapo a todo Riazor, comenzando por los jugadores coruñeses, que se habían vaciado durante los 90 minutos como nunca.
La zaga no tuvo más remedio que reaccionar con una falta muy peligrosa de Sidnei en la frontal del área. Lucas se marchaba con fuerza y era derribado en una posición muy jugosa para cualquiera de los dotados lanzadores colchoneros.
Thomas la pegaba por la derecha de la barrera y Pantilimon seguía la pelota con la mirada, sin mover ni las cejas, sin un músculo que hiciese algo por llegar a una endiablada pelota que se alojaba sin remedio en la meta coruñesa.
Aunque los porteros siempre tendrán las excusa de que su visión es reducida por la barrera, después de revisar las imágenes de televisión los aficionados deportivistas se cabrearon todavía más con la actuación (que simplemente no fue actuación porque no hizo nada) del arquero rumano.
El tanto acabó con la esperanza y con un punto, que incluso parecía poco botín para los méritos del Depor y que al final se quedó en nada. Pero Riazor y el deportivismo aplaudió como nunca esta temporada a los suyos, porque al fin completaron un partido competitivo en su totalidad, ante un rival netamente superior, que ayer no lo fue, y demostrando que si este plantel se emplea a fondo no hay motivos para la duda. Cristóbal y Manjarín ya han conseguido algo muy importante, que el equipo tenga esa ‘actitud’ que decimos en el fútbol, algo que no es sino intensidad, entrega, esfuerzo, sacrificio, compañerismo... Ayer solo faltó la esquiva suerte. Y un portero.