• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Víctor del Árbol | “La única verdad es llegar al final sin deudas”

Asegura Víctor del Árbol que el premio Nadal le cambió la vida: “Tienes que hacer un parón, rearmarte, recordar cuáles son los principios que te llevaron a escribir y a partir de ahí, dar un paso hacia atrás para ir hacia delante”.

Víctor del Árbol | “La única verdad es llegar al final sin deudas”
Del Árbol participó en “Letras de Otoño” en la Seoane | quintana
Del Árbol participó en “Letras de Otoño” en la Seoane | quintana

Asegura Víctor del Árbol que el premio Nadal le cambió la vida: “Tienes que hacer un parón, rearmarte, recordar cuáles son los principios que te llevaron a escribir y a partir de ahí, dar un paso hacia atrás para ir hacia delante”. El escritor lo consiguió con “Por encima de la lluvia” (Destino). Con ella cierra un ciclo vital y sin querer marca un antes y un después, que nada tiene que ver con lo negro, sino que es vida.
El autor explicó ayer en la Fundación Seoane, dentro del ciclo “Letras de Otoño”, que los personajes que pone a bailar reflexionan sobre ella. Le dan respuesta y adoptan la postura que antepone la curiosidad a lo cómodo: “Hay mucha gente que se limita a sobrevivir, viven en la inopia, pero creo que si pasas de perfil, al final la vida te interpela”. Y salen a flote las deudas.
En la novela, Miguel y Helena deciden ir a contracorriente cuando el reloj comienza a ir demasiado deprisa con una serie de coprotagonistas alrededor que encajan o no. A Del Árbol le interesan los que no lo hacen y se va hasta Tánger para contar la historia de Thelma, la madre de Helena, que representa a los que se lanzan por amor: “Creo en él y en su poder de transformar”. Lo que pasa es que la apuesta es a doble o nada y el nada duele.
Las páginas de su nueva novela hablan de soledad, de identidad y autoderrotas y acuden al pasado como “un lugar poblado de fantasmas, nosotros elegimos qué recordar y creamos una identidad ficticia”.
Como contrapunto, el escritor pone a Jasmine, “la visión de una joven que sufre muchísimo y que se refugia en la ilusión”. Entonces mete en el ajo a esa capacidad innata de las nuevas generaciones que aún creen que la vida puede ser lo que uno quiera.
El libro parte de Tarifa, en el límite entre dos mundos, y termina en Mälmo (Suecia), donde vive Jasmine para volverse más intimista y no darle tanto espacio al contexto histórico sino a las personas normales y naturales que acaban estando por encima de la lluvia, “cuando lo han vivido todo y no necesitan justificarse”.
Para Víctor del Árbol, “la única verdad es llegar al final sin deudas pendientes” y con la sensación de haber vivido todas las vidas posibles, algo que se consigue saliendo del área de confort.
Porque lo que importa es el camino. Víctor quiere pasión e intensidad para el suyo. Por eso, se va a rascar en un próximo relato a la infancia para dar con el principio del dolor en África Oriental, en concreto, en Uganda, adonde siempre quiso ir. No vaya a ser que llegue al final y le quede esa deuda pendiente. Volviendo a ser un niño, contará cómo se ve la vida desde poca altura. Sin miedos.