• Viernes, 23 de Junio de 2017

Reportaje | Kaiser, parrillero a media jornada y muralista de vocación

Kaiser no desvela el origen de su nombre porque en ese caso tendría que deshacerse de la redactora: “Es mi secreto mejor guardado” y mientras le da los últimos retoques a unas ilustraciones cuenta que para costearse el material, trabaja a media jornada en una parrillada. Pintar paredes es lo que más le gusta en el mundo. 

Reportaje | Kaiser, parrillero a media jornada y muralista de vocación
El artista asegura que normalmente le dan libertad para crear
El artista asegura que normalmente le dan libertad para crear

Kaiser no desvela el origen de su nombre porque en ese caso tendría que deshacerse de la redactora: “Es mi secreto mejor guardado” y mientras le da los últimos retoques a unas ilustraciones cuenta que para costearse el material, trabaja a media jornada en una parrillada. Pintar paredes es lo que más le gusta en el mundo. 
Lo supo cuando recién salido de la escuela de artes y oficios Pablo Picasso, un conocido le dejó su local en blanco. Desde entonces, no para de recibir encargos. 
Al muralista le dan libertad. Casi siempre, se ciñe a la naturaleza del negocio que va a customizar, deja que las ideas salgan una a una y cuando tiene el puzzle en su cabeza las pone a desfilar a golpe de pintura especial fachadas. 
Estos botes tienen la garantía de no desconcharse en 15 años, una premisa que llevada al interior suponen toda una vida en pie, asegura el creador. Con 40 años en el DNI, el coruñés ha puesto su sello en decenas de locales de la ciudad. Kaiser es el rótulo del Creedence Rock o el Basílico y también un mapa de A Coruña envuelto en telaraña. 
Este último se puede ver en el Black Widow, que es un bar que sirve heavy metal por las tardes: “Fue una ida de olla”, dice, así que junto a la Fábrica de Tabacos y la Torre, se puede ver la sombra de una viuda negra acechando sobre fondo rojo. Y aunque los hay que fueron bajas por la crisis, también ha repintado chiringuitos e incluso hace unos años “pinté un portalón para un club de moteros y cuando me quedaba media hora, me dijeron que se deshacía el grupo”. No desesperó y cinco años después volvió a empapelar su sede de Pastoriza para hacerles el mural definitivo. Antes de aparcar sus bártulos, Kaiser lleva un boceto a los clientes y a pesar de que los particulares no llaman tanto como antes: “Ahora optan por comprar láminas para ahorrar”, Kaiser sigue imprimiendo su impronta. Mide su valor con la unidad del tiempo y compagina pared y papel, sobre la que también expresa. 
Entre tanto, le da vuelta y vuelta a un churrasco que le permite ponerle alas a su imaginación. De sus trabajos, destaca el de una sala de juegos infantiles en Eirís. Allí se pasó dos meses, aprovechando los tiempos muertos y pintando sobre cristales: “Por dentro y por fuera”. 
En el Etnika’s de Orillamar, le puso color a una persiana y en el Creedence, junto a las letras que le dan nombre, añadió el eslogan: “Te podemos ayudar a salir del deporte”. Kaiser lo tiene claro. A él lo que le gusta es contar con un “lienzo” bien ancho porque es “mucho más visible y más rentable”. Kaiser aumenta su cartera de clientes, repite con algunos que se aburren del que tienen y acude a la ilustración cuando al destino se le antoja. l