• Martes, 12 de Diciembre de 2017

Reportaje | La Domus cobija a los “makers” y sus artefactos en la OSHWDem 2017

Makers. Dícese de una raza tecnófila con curiosidad innata por saber cómo funcionan las cosas y aprender haciéndolas. Así definía ayer Sergio Alvariño, de BricoLabs, a los de su especie que se juntaron en la Domus para compartir sus artefactos.

Reportaje | La Domus cobija a los “makers” y sus artefactos en la OSHWDem 2017

Makers. Dícese de una raza tecnófila con curiosidad innata por saber cómo funcionan las cosas y aprender haciéndolas. Así definía ayer Sergio Alvariño, de BricoLabs, a los de su especie que se juntaron en la Domus para compartir sus artefactos.
Hasta ciento diez se dieron cita en OSHWDem 2017, donde desfilaron cerca de 150 proyectos de palabra o en directo ante la atenta mirada de otros makers o simplemente de amantes de la tecnología venidos de distintos puntos de España y también de fuera como los de la Universidad de Carlos III, de Madrid, que pusieron a competir en Hebocon a dos de sus androides. A uno le dieron vida con un recogedor del polvo. Le pusieron cara de diablo y bocina. El otro cogió forma con un rodillo de pintura y una rueda incorporada.
El museo se dejó llevar por lo “tecno” y la fantasía. Así que donde normalmente se mide la potencia en el disparo del balón, un jedi enseñaba a pequeños a atacar y defenderse con la espada “láser”.

Creaciones
De una máquina 3D salían piezas “termoformadas”. Las imprimía Pitiños, de Echobase 28, una asociación de más de cincuenta miembros que fabrican todo de forma artesanal. Su representante mostraba alguno de sus inventos, cabezas de C-3PO hechas de cartones reciclados y tela de vaquero: “Si te fijas es una especie de chatarrería porque aprovecho esterillas, tubos de las vacunas que les pongo a mis pollos o guantes viejos”. El resultado son creaciones casi perfectas de personajes de “Star Wars” o combatientes sin más con casco y bláster. Contaba el aficionado que lo hacen a título personal, pero que “nos llegan a comprar piezas y con eso tiramos”. Además, visitan a los niños en hospitales: “Lo disfrutan muchísimo”.
Desde Mint, una spin off de la Universidad, pusieron a funcionar un robot sobre ruedas: “Desarrollamos una base sobre la que pones el teléfono, que hace de cerebro”, explicó Abraham. El maker dejaba que los pequeños probasen el resultado.

Y es que una de las principales utilidades del arte de darle vida a los “cacharros” es la educación porque “tienen una aplicación inmediata”. Alvariño comentó que también es vivero de empresas relacionadas con la motorización del consumo de energía.
Recuerda que el fenómeno nació a partir del software y el hardware libres: “Esto supuso saber toda la receta sin secretos industriales”. De esta forma, los makers se multiplicaron, sobre todo, teniendo en cuenta la complejidad tecnológica: “Es casi el único camino para estar en la punta de la ola”.
Y de los textiles que trajo de Londres Elena Corchero a los materiales inteligentes de Paola Guimeráns, el evento cubre con los años cada vez más huecos de una Domus que ayer estuvo más viva que nunca a través de distintas competiciones, talleres, demostraciones, juegos y un laberinto de grandes dimensiones.