• Martes, 12 de Diciembre de 2017

La quimio como un polvo de hadas

Había que escribir un cuento para combatir la incertidumbre de un mal diagnóstico, que es todavía peor cuando el afectado no pasa del metro de altura y a Ángela Triana se le ocurrió pensar el cáncer como una batalla de piratas. La pluma la plasmó en diez páginas

La quimio como un polvo de hadas
La historia trata de normalizar el mal a través de un niño que se imagina su lucha como una batalla de piratas
La historia trata de normalizar el mal a través de un niño que se imagina su lucha como una batalla de piratas

Había que escribir un cuento para combatir la incertidumbre de un mal diagnóstico, que es todavía peor cuando el afectado no pasa del metro de altura y a Ángela Triana se le ocurrió pensar el cáncer como una batalla de piratas. La pluma la plasmó en diez páginas y la tituló “Cómo convertirse en capitán”. La asociación Asotrame (Asociación gallega de Trasplantados de Médula Ósea) pilota una iniciativa que salió del saco de propuestas de Gepac (Grupo Español de Pacientes con Cáncer) al que pertenecen.
Aunque la propuesta no se llevó adelante, desde el colectivo, Jéssica Rodríguez retomó la idea y se la presentó a la fabricante de relatos, que no se lo pensó dos veces. El reto, porque al producto le dio bastantes vueltas. Se lo puso en bandeja a los niños de sus amigas y después de comprobar que lo que aman estas criaturas de dientes de leche son las historias que divierten y riman, le puso verso al guión y se imaginó el mundo desde su punto de vista: “Ellos lo convierten todo en aventura y lo ven más normal que los adultos”, que tienden a complicarlo. Así es que en el mundo del protagonista, la cama es una isla del tesoro y la quimio el polvo que espolvorean las hadas. El TAC es un submarino donde van a por los piratas y los padres, la hermana y el equipo médico, aliados que le ayudan a seguir. En una lucha que la asociación acercará a los hospitales, colegios y centros médicos coruñeses.
La primera tirada será de 150 ejemplares, pero aumentarán la familia en función de la respuesta. La propia Triana trabaja con niños que pasan por lo mismo que el pequeño corsario: “Se imaginan que la quimio son vitaminas y un montón de cosas que exageré en el libro”. Es la primera vez que escribe un cuento infantil, una tarea “muy difícil” porque había que crear un puente entre la realidad y la ficción. En eso tuvo algo que ver el lápiz de Xavier Loureiro, que además de darle mucho color a las ilustraciones, supo mezclar los dos mundos en uno y sonreírle al que lo lee. Para transmitirle un mensaje muy sencillo. El de que que con el cáncer hay que convivir de la mejor forma posible.