“Hemos tenido gemelos”, decía emocionado el productor Manuel Cristóbal, de Perro Verde Films. Sin embargo, la animación coruñesa fue ayer madre de trillizos porque a los Goya obtenidos por la película “Arrugas” hubo que sumarle un tercero, el más madrugador de todos, que venía de la mano del cortometraje “Birdboy”, construida con las ilustraciones de Alberto Vázquez.
Si bien los más de treinta galardones recibidos a lo largo de su corta vida hacían ver más asequible el paseo hasta el estrado del teatro Real, lo cierto es que el dibujante coruñés era un poco escéptico antes de la gala porque “el 95% de los académicos no ven las cintas” y en la ensalada de votos entran en juego aspectos tan dispares, aseguraba, como que la sinopsis convenza o que la carátula entre por el ojo.
Aún así, la estética empleada y el contraste entre forma y contenidos cautivaron a un jurado que no quiso pasar de largo ante una historia sencilla pero muy intensa. La primera estatuilla con acento “koruño” daba paso a la gran sorpresa de la noche. La que nadie se esperaba y la que le hizo pegar “un brinco antológico” a Manuel Cristóbal en pleno patio de butacas.
“Iba bajando las escaleras pensando: ‘A ver qué le digo yo ahora a estos’”, decía Ángel de la Cruz
El largometraje “Arrugas” quedaba por encima de Pedro Almodóvar, Icíar Bollaín y Benito Zambrano en la categoría de Mejor Guión Adaptado al saber llevar el lenguaje del cómic de Paco Roca a la cinta sin perder la magia que se encierra en viñetas. Fiel y cargada de emociones, la película convencía y salía a la palestra como la primera animada en recibir trofeo en este apartado.
En este sentido, el guionista Ángel de la Cruz no contaba con moverse del sitio. Es más, explicaba ayer que cuando escuchó lo que decía el interior del sobre estuvo dudando con Paco Roca si levantarse o no del asiento. No se lo creía e “iba bajando las escaleras pensando: ‘A ver qué le digo yo ahora a estos’” porque a pesar de que llevaba un pequeño discurso preparado, no lo había ensayado lo suficiente.
Encima del escenario, el coruñés dijo sentir reparo. Porque se topó de frente con las gafas oscuras de Almodóvar y se dio cuenta de que en la primera fila estaban también los otros dos candidatos. Por eso, Manuel Cristóbal destacaba la valentía de la Academia de Cine, que se decantó por distinguir a un largometraje animado con diálogos adultos que hace gala, además, de una estética simple, lo más parecido al tebeo. Para no perder la esencia.
De la Cruz hablaba horas después de que el éxito de la cinta estaba en el trabajo en equipo de los cuatro guionistas y de la productora gallega y catalana. Se dio la casualidad de que todos “teníamos vivencias por nuestra cuenta” de una enfermedad como el alzheimer, cada vez más común, y que supimos transmitirlas porque, en definitiva, “el cine es eso, transmitir sentimientos” y “Arrugas” habla, sin querer, de la madre de Ángel, afectada por este mal, y de los padres del dibujante, a los que va dedicado el cómic. En general, de todos los mayores, como decía el director Ignacio Ferreras. Sin caer en la sensiblería. A través de la amistad entre Miguel y Emilio, que ingresa en una residencia de ancianos con principios de alzheimer.
Así fue como el Goya al Mejor Largometraje de animación confirmó la calidad de una propuesta que tiene todavía mucho camino por delante. El mismo Ángel de la Cruz cogía ayer por la tarde un avión a Bruselas donde será presentada en su Festival Internacional para abrir en marzo el Cartoon Movie de Lyon y saltar al continente asiático donde Paco Roca fue distinguido por el ministerio japonés con un premio a la excelencia. A la espera de que el mercado internacional pulse “play” y visione una historia “que nos pilla a todos”, el proyecto seguirá engordando kilos con dos Goyas en la repisa.





Más opciones




