23:06 h. Miércoles, 16 de mayo de 2012

 

La Policía aprecia un descenso de los robos violentos en favor de timos más sofisticados

| Actualizado 19 Febrero 2012 - 04:37 h.
La Policía Científica recoge pruebas de un robo al despiste en una joyería de Monte Alto	javier alborés
La Policía Científica recoge pruebas de un robo al despiste en una joyería de Monte Alto javier alborés

El pasado miércoles, una pareja de nacionalidad rumana trató de llevarse alhajas valoradas en 17.000 euros de la joyería Guillén. El método escogido para hacerlo fue el del timo: pidieron a los dependientes que metieran todas las joyas en una bolsa y luego la dejaron en el mostrador afirmando que iban a cambiar el dinero en efectivo que tenían (en moneda extranjera) en un banco y que volverían enseguida. La familia que regenta el local sospechó y no dejó que la mujer se fuera. Sus sopechas se vieron confirmadas: la bolsa estaba vacía. Según la Policía Nacional, es un ejemplo de una tendencia que cada vez se hace más evidente. “Los delincuentes cada vez recurren menos a la violencia porque supone arriesgarse a una condena mayor si son capturados. Ahora recurren cada vez más a la astucia”, explicó un agente.

La razón es que las penas por hurtar al descuido son mucho menores que si
se emplea la fuerza

Las últimas estadísticas recogidas por la Policía Nacional demuestran que esta tendencia se da en la ciudad de una forma continuada: el pasado año, los robos con violencia e intimidación descendieron un 3%, mientras que los robos con fuerza (en que los únicos daños son materiales) se redujeron en torno a un 20%. En términos absolutos, las cifras no son muy altas (no más de una docena en el primer caso y cerca de 100 en el segundo). El hecho de las cifras absolutas sean tan bajas explica por qué lo que menos ha bajado son los robos con violencia e intimidación: los expertos recuerdan que, cuanto más baja es una cifra, más difícil es conseguir que descienda más.

“Lo que ocurre aquí es que los delincuentes son cada vez más sofisticados y conocen la ley. Saben que si no hay violencia ni fuerza en las cosas, por mucho que roben, no pasa de ser un hurto, y no un robo”, aclaran en la Policía Nacional. Por supuesto, existe una diferencia entre robar una cantidad pequeña y una grande. Si es por debajo de 400 euros, es una falta de hurto. Por encima de ese monto, se está hablando de un delito. “Es una (circunstancia) agravante que la cantidad sea mayor, claro, pero aún así la pena que se impone es menor que por robo”.

 

Seguridad > También hay que tener en cuenta el aumento en las medidas de seguridad, que vuelve más difícil el empleo de la fuerza: “Es por eso que un atraco es algo muy raro, hoy en día, y cuando se da, el autor suele ser un toxicómano con un arma blanca que la mayor parte de las veces se va sin haberse llevado nada”.

El mismo problema se da en las joyerías: los fuertes sistemas de seguridad que obliga la ley a instalar a los miembros de este sector invitan a los ladrones a emplear método más sutiles. “Es por eso que ahora lo que se da es sobre todo el descuido”, reconoce Antonio Amor, joyero de la calle Real.

Suelen actuar en parejas para poder así despistar al empleado: mientras uno le mantiene entretenido pidiéndole que le muestre el género, el otro (u otra) actúa. “Esa táctica funciona bien sobre todo ahora porque, con la crisis, se reduce el personal, así que muchas veces no nos podemos permitir más de una persona atendiendo al público”, apunta Amor. Otro factor que ha variado con la crisis es el valor de los botines, que ha descendido. “La gente ya no tiene a la vista las piezas más valiosas, esas están en la cámara fuerte, a buen recaudo”. Ni siquiera reventar el cristal con un mazo durante la pausa del mediodía, cuando se ha echado el cierre pero no la reja, asegura ya un botín rápido y fácil. “Porque solo dejas piezas de plata en las vitrinas, el resto lo metes dentro”, aclara el joyero.

Pero es estos establecimientos los únicos donde todavía se pueden alcanzar “cifras jugosas” con el importe de lo robado, aunque ya no se esté hablando de más que unos miles de euros, así que los delincuentes siguen haciéndose pasar por clientes y tratar de engañar. Existen bandas itinerantes que emplean la violencia para atracar a joyeros, pero es en ellos en los qu recae la presión policial. “Estamos encantados con la Policía -reconoce Amor– porque van cayendo todos”.

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