La Policía Nacional busca a los autores del frustrado atentado contra el edificio de la Xunta de la calle de Victoria Fernández España, frente al instituto Menéndez Pidal. Allí, a la una de la madrugada del miércoles al jueves, unos basureros descubrieron un artefacto explosivo que consiguieron desactivar. Ahora el artefacto se encuentra en manos del Tedax y de la Policía Científica y se sospecha que pueden haberlo fabricado miembros de Resistencia Galega, a pesar de que todavía nadie ha reivindicado la acción. Esto no invalida la declaración de Samuel Juárez, delegado del Gobierno, de que los autores forman parte de un “movemento de corte anarquista”, puesto que la ideología antisistema es común entre los independentistas radicales.
A los agentes con experiencia en terrorismo les llama la atención lo rudimentario de la bomba: varios aerosoles y cartuchos de pólvora unidos entre sí por cinta adhesiva. Lo habitual es que el terrorismo independentista gallego emplee un explosivo a base de pólvora y cloratita, metida dentro de una olla. “La ventaja es que de esta manera se puede dirigir la explosión”, explican estas mismas fuentes.
El explosivo no contenía cloratita, sino solo un puñado de aerosoles y cartuchos de pólvora
Sin embargo, en el atentado de jueves, los explosivos fueron encontrados en la Oficina de Apoio ao Empregador dentro de una simple bolsa de plástico, lo que hace pensar a que lo hicieran así para no llamar la atención, dado que una bolsa es menos llamativa que una gran olla. También la forma de activar el explosivo es rudimentaria: nada menos que cinco mechas, una por cartucho de pólvora, en vez de un sistema de relojería. Fue precisamente el hecho de que tuviera mechas lo que permitió a los basureros evitar al explosión, porque las arrancaron y mojaron con agua.
Sin recursos > “Esa bomba es el siguiente escalón al cóctel molotov”, explicó un agente que señala que los autores de este hecho no tenían medios o conocimientos para hacer cloratita, así que tuvieron que contentarse con aerosoles para su explosivo. Resistencia Galega sí tiene estos recursos. De hecho, el pasado noviembre se les incautó a varios integrantes de este movimiento varias bombas con varias kilos de pólvora y cloratita con el temporizador colocado. Sin embargo, las autoridades advierten contra la idea de considerar a Resistencia Galega como un grupo organizado.
“Ese término es un paraguas donde se engloban todas las corrientes independentistas extremas. No están todos conectados, ni tienen los mismos recursos”, aclaran. Eso lleva a pensar que los autores del atentado del jueves están aún menos organizados que otras células terroristas. Aún así, los mismos agentes señalan que “incluso una bomba de este tipo, aunque sea tan rudimentaria, no es ninguna broma. Podía haber muerto gente, cualquiera que hubiera pasado por la calle en ese momento”.
De hecho, los que descubrieron la bolsa de plástico con los explosivos fueron una mujer y un hombre que estaban alimentado a los gatos callejeros y que se acercaron por curiosidad a aquel bulto que humeaba. Incluso lo movieron hasta la mitad de la calzada antes de alejarse para llamar la atención de los basureros que estaban vaciando un contenedor cercano en ese momento. Las mechas eran lentas, pero no tanto, y los Tedax calcula que les quedaban poco más de dos minutos cuando los basureros consiguieron apagarlas todas. Así, la explosión hubiera podido matar o herir gravemente a cinco personas.





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