• Domingo, 19 de Noviembre de 2017

El “Steinway” que llegó de Hamburgo para instalarse en el corazón de Maria Keilin

Descansa bajo llave. En una habitación del teatro y rodeado de luces y espejos como únicos compañeros. Para que cuando lo toque Maria Keilin los dos estén en absoluta intimidad. Desde el habitáculo, el piano del Colón espera en soledad volver a subirse al escenario. 

El “Steinway” que llegó de Hamburgo para instalarse en el corazón de Maria Keilin
Maria Keilin acude al teatro Colón al menos una vez al mes para tocar el piano	susy suárez
Maria Keilin acude al teatro Colón al menos una vez al mes para tocar el piano susy suárez

Descansa bajo llave. En una habitación del teatro y rodeado de luces y espejos como únicos compañeros. Para que cuando lo toque Maria Keilin los dos estén en absoluta intimidad. Desde el habitáculo, el piano del Colón espera en soledad volver a subirse al escenario. Acondicionado con la temperatura adecuada para que no sufra los achaques de la edad y se conserve sin arrugas ni dolor de huesos, el instrumento llegó procedente de Hamburgo en un gran contenedor hace ahora seis años después de que la profesora lo eligiera personalmente en la fábrica alemana de Steinway y tras esperar una larga cola.

Una vez dentro y con el recibimiento propio de quien va a hacerse con una joya con patas, el encargado de atenderla activó su cronómetro. La pianista del Conservatorio de la Diputación tenía por delante tres horas para elegir entre seis modelos de la misma especie. Probó uno a uno todos los Steinway de la sala y si en un primer momento pensó que la decisión iba a ser complicada, fue su propio oído el que se encargó de desechar rápidamente a la mayoría por su sonido.

la experta escogió el modelo de casi 120.000 euros entre seis de su misma especie  por su gran personalidad

María comenta ahora que muchos chillaban cuando llegaban a los registros más bajos. No cumplían las expectativas y eran como “cacerolas” al golpearlos. Ella buscaba al mejor así que el mejor salió de la fila para ofrecerle en bandeja delicadeza y personalidad por la cantidad de 119.500 euros. De esta forma, el piano al que definiría en un informe posterior como “con un sonido rico en armónicos” e incapaz de perder su riqueza aún a golpe de “pianissimo”, se instaló en un apartamento cerca del patio de butacas. Días antes de la inauguración del Colón tras la reforma y culminando así un proceso que comenzaba con la publicación en el Boletín Oficial de la compra y una llamada. La que le hacía el que por entonces se encargaba de Patrimonio en la institución, Luis Jaime Rodríguez, a Maria. Le hablaba de un viaje y un piano.

Ya en A Coruña, el afinador Tigran Poghosyan lo colocaba entre los mejores de España nada más verlo. Desde entonces Maria no deja de visitar al piano. Al menos una vez al mes, introduce la llave en la puerta y vuelve a quedar a solas con el que asegura es como un amigo. Que pasa los días alejado de la humedad y entrena con Maria para seguir haciendo magia. Y salir en contadas ocasiones. Igual que lo hacía el Steinway personalizado de Górovitz, al que un día María tuvo la suerte de escuchar en vivo con la Filarmónica de Leningrado.

Junto al piano, la profesora del Conservatorio de la Diputación reza en un papel: “Protegeremos a un piano como si fuera una mano y uno de esa categoría, lo cuidaremos más todavía”. A lo que el instrumento alemán asiente. Como buen amigo.