De “fracaso” tilda Miguel Agromayor el período de rebajas para el sector del comercio. Por su parte, el presidente de la zona Obelisco, Antonio Amor, suma en su área de actuación dos cierres y un traslado en tan solo una semana, la pasada, que deja en blanco otro bajo más de la calle Real, el de la tienda Psicodelia, obligada a mover sus bártulos hasta Rúa Nueva para sobrevivir.
Son ejemplos de casos que no han sido capaces de llegar a febrero porque los descuentos no han favorecido la venta lo suficiente como para escapar de los números rojos. El propietario de la joyería Amor destaca también que la tendencia actual lleva a los establecimientos a cambiar de sitio después de que los propietarios de los locales no cedan en la renegociación del precio del alquiler y tengan que buscar nuevo cobijo por menos dinero.
Cuenta Amor que los dueños creen que si los inquilinos no pueden pagar la renta establecida, vendrán otros dispuestos a hacerlo pero esto no ocurre y la peatonal se convierte poco a poco en zona desértica. En este sentido, explica que “hay que tener dos dedos de frente” para darse cuenta de que si el arrendador reduce la tarifa a pagar, los comerciantes aguantarán más tiempo con la reja levantada.
El cierre de locales está perjudicando la imagen de una calle referente desde siempre en el sector y esto hace más latente el paso de una crisis, que ha afectado a los saldos de manera notable. Si bien los comercios apostaron por llamar la atención arrancando el primer día con descuentos del 50% para ir incrementando las gangas hasta el 70%, lo cierto es que esta decisión no ha servido de nada y las compras se cuentan por gotas:
“Es cierto que ves a gente con alguna bolsa pero muchos solo están viendo los escaparates”. En este sentido, el joyero hacía estas declaraciones al mismo tiempo que observaba cómo un espacio vacío de clientes lucía en sus cristales letreros del 70%.
Amor señala que el hecho de que los dueños de los bajos no reduzcan los precios favorece el cierre o el traslado
En centros comerciales > Sin embargo, las escasas ventas registradas afectan tanto a la zona céntrica como a las áreas comerciales. Cuenta Amor que sus compañeros de las grandes superficies están luchando hoy en día por aguantar en un terreno dominado por el imperio Inditex y otras marcas con fuerte presencia en el mercado: “Están temblando”, asegura. Es por eso que salir de febrero para entrar en marzo se presenta como un verdadero reto para la profesión.
Tanto es así que el presidente de la Federación Provincial de Comerciantes, Miguel Agromayor, no es capaz de sacar nada en positivo de las rebajas cuando los meses de enero y febrero han dejado de ser una panacea para el sector desde hace tiempo para convertirse en una prolongación de la agonía. La raíz del problema radica, según el mueblero, en la deslocalización de las fábricas.
Agromayor cree que la solución viene de Europa y de negociar con el mercado asiático para establecer aranceles o medidas que hagan repensar su política a los que están fijando su campo de operaciones más allá de los Urales. El portavoz augura que de no llegar a un acuerdo para imponer algún tipo de impuesto, ninguno de los países que conforman el viejo continente se salvará de la quema excepto Alemania.
Medidas urgentes > Así de negro ve el representante el panorama para un sector que ya ha agotado todas las posibilidades: “No tiene ni pies ni cabeza”, porque los vendedores acaban perdiendo dinero con los descuentos que realizan. No compensan. Agromayor asegura que a pesar de presentar un escaparate muy atractivo con grandes carteles de rebajas, la gente no entra porque la clase media se ha transformado en baja y su forma de llegar a fin de mes no contempla más gastos que los indispensables.
De este modo, el comercio no puede salir a flote. A eso hay que sumarle el hecho de que de las chimeneas de las fábricas ya no sale humo. Han emigrado. Por eso, el presidente de la Federación de Comerciantes recuerda que la postura del sector al ofertar sus productos mucho antes del período de rebajas y en plenas Navidades es una consecuencia de la desesperación y el paso previo a echar la reja definitivamente. Si los que están arriba no lo evitan cortando el problema de raíz.





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