Una condena de un año y nueve meses de prisión ha aceptado ante el tribunal de la sección segunda de la Audiencia coruñesa uno de los cinco residentes en el poblado de Penamoa que fueron detenidos en julio de 2010 durante una redada contra el tráfico de estupefacientes. Se trata del último de los acusados que pasó por la sala de vistas, y el que mejor parado ha salido por el procedimiento judicial derivado del registro de las dos chabolas donde residían los sospechosos, familiares entre sí la mayoría de ellos.
En las viviendas, los agentes que intervinieron se incautaron de 500 papelinas con cocaína y heroína además de 78 y 49 gramos de las mismas sustancias en bolsitas, y cerca de 2.000 euros y numerosas joyas derivadas del negocio con los estupefacientes.
Con estos indicios en su contra y una investigación policial que los había sometido a seguimiento durante semanas, los cuatro primeros acusados llegaron a un acuerdo con la Fiscalía y aceptaron una condena de tres años de cárcel y el pago de 12.000 euros de multa.
El hombre que ahora es sentenciado no alcanzó aquel pacto por encontrarse en la fecha del juicio en situación de rebeldía. Ahora, la última resolución le impone un año y nueve meses y 6.000 euros de multa, al aceptarse que el solo realizaba labores de vigilancia y que era adicto a los estupefacientes.





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