• Viernes, 20 de Octubre de 2017

Cada vez más okupas se instalan en la promoción abandonada de Palavea

El bloque de viviendas de Epamar, en Palavea, tiene nuevos residentes. No son sus legítimos propietarios, que nunca llegaron a recibir las casas cuando la inmobiliaria quebró durante el estallido de la burbuja del ladrillo, sino simples okupas que han aprovechado el vacío para hacerse con un hogar.

Cada vez más okupas se instalan en la promoción abandonada de Palavea
Uno de los pisos del bloque de viviendas abandonados que los okupas tienen intención de limpiar |quintana
Uno de los pisos del bloque de viviendas abandonados que los okupas tienen intención de limpiar |quintana

El bloque de viviendas de Epamar, en Palavea, tiene nuevos residentes. No son sus legítimos propietarios, que nunca llegaron a recibir las casas cuando la inmobiliaria quebró durante el estallido de la burbuja del ladrillo, sino simples okupas que han aprovechado el vacío para hacerse con un hogar. Tras casi dos décadas de abandono y vandalismo, el lugar  está atrayendo poco a poco a los desposeídos de la crisis. Son los nuevos vecinos de Palavea. 
“Yo tenía 17 años cuando construyeron estos pisos”, señala Juan (el nombre es supuesto) uno de los okupas. En el número 56-A de la calle del padre Busto, Juan ha ocupado un piso. Lleva casi un año viviendo allí, sin molestar a nadie, asegura. Y poco a poco ha ido adecentando el portal, que es el único en el que no se ve desde el exterior basura acumulada. 
 
Un privilegio .
“Para mí es un privilegio. Vivo como vivían nuestros abuelos. Con poco, pero apreciando lo que tengo”, explica. Cuando necesitan agua van a la fuente del barrio y en cuanto a la luz, se manejan con linternas por la noche. Pero Juan es muy mañoso y tiene planes para empalmar la luz eléctrica del exterior e incluso obtener  agua corriente reconectando unas tuberías. 
“Cuando llegué, esto era un chutadero”, recuerda, mientras señala algunos de los pisos aún vacíos, donde se acumulan restos de comida en putrefacción, papel de aluminio, agujas, bebida, y manchas de orina Lleva año y medio en paro y resulta difícil conseguir subsidios  en Servicios Sociales. Como hay mucho espacio, Juan tiene pensado invitar a otras personas que se encuentren en su misma situación a unirse a su incipiente comunidad. Hace poco invitó a venir a un amigo, un marinero en paro que se encuentra en la misma situación que él.  “A mí me quitaron la ayuda que tenía porque no rellené los papeles a tiempo”, comenta el marinero, que tiene dos perros: “No los puedes llevar a Padre Rubinos, pero aquí puedes estar con ellos”.  

Más gente
Hay otros, lo sabe, que duermen en los pisos de otros portales. Algunos solo pasan unas noches y se van. Otros lo utilizan como un lugar tranquilo para consumir drogas. A veces arrancan todo lo que encuentran que pueda tener algo de valor, como el cobre.  Pero el edificio que él ha ocupado se encuentra en mejor estado porque lo mantiene como si fuera suyo. 
Juan tiene planes a largo plazo para mejorar su vivienda. El estallido de la burbuja del ladrillo y la quiebra de las empresas inmobiliarias ha dejado a muchas promociones como la de Palavea en un limbo legal. Sin propietario,  no hay orden de desalojo: parece que estos nuevos vecinos han venido para quedarse.

“Aquí hay tres vecinos que tienen entre todos diez pisos”, denuncian

“Que por lo menos se comporten”, desea Manuel Gómez, presidente de las asociaciones del barrio. Para él esto era previsible porque los edificios llevan mucho tiempo abandonados: “Hay dos portales que no valen para vivir. Yo entré dentro y está deshecho todo. Pero los de abajo son los más aptos para vivir”. Gómez recuerda que “aquí tenemos tres vecinos que entre los tres tienen diez pisos, que yo conozca. Gente mayor que dice que ya no llegarán a disfrutar de esos pisos”. La paradoja de ser una propiedad privada sin propietario impide que se tomen medidas. “Más denuncias no se pueden poner. El juez debía haber ordenado que tapiaran todo”, opina un desanimado Gómez: “Esto no se solucionará nunca. Lo veo muy negro”. l