El amante del plano fijo expone en la Vilaseco sus obras y las de los que más admira

Lois Patiño elige sus influencias. Las coloca por la galería Vilaseco entre sus piezas, construidas con una mirada paciente, que espera que el momento le diga algo. Así que la sala de la calle de Padre Feijóo rescata el imaginario del artista vigués para ponerlo en el mismo altar que los otros once del ciclo “12 miradas:: Riverside”.

El amante del plano fijo expone en la Vilaseco sus obras y las de los que más admira
El creador participó ayer en un encuentro como introducción de la muestra en la galería	javier alborés
El creador participó ayer en un encuentro como introducción de la muestra en la galería javier alborés

Lois Patiño elige sus influencias. Las coloca por la galería Vilaseco entre sus piezas, construidas con una mirada paciente, que espera que el momento le diga algo. Así que la sala de la calle de Padre Feijóo rescata el imaginario del artista vigués para ponerlo en el mismo altar que los otros once del ciclo “12 miradas:: Riverside”, donde participa Corporación Hijos de Rivera, y que llevó al cineasta a pilotar hace unos días un taller en la Ribeira Sacra, donde dio buena cuenta de escenarios para sus películas. 
A cuatro meses de salir con la cámara a la espalda a rodar por naturalezas que acota en paisajes, uno de los talentos del nuevo cine gallego asegura que ahora busca la inmovilización de la figura humana con respecto al espacio. Que en el nuevo proyecto introducirá a tres señoras para fusionar lo verde con meigas y Santa Compaña y que introducirá un relato de ficción. 
Además, no estará solo como acostumbra. Le acompañará un equipo para reaccionar rápido ante las atmósferas que no esperan por nadie. Patiño ama el plano largo. Asegura que solo si se estira se puede interiorizar y aparecen nuevos significados: “Empiezas a sentirlo”. Pero también admira la actitud de Beckett, presente en la galería, por eso de tocar los límites para llegar a la esencia. Escoge las esculturas de Juan Muñoz y Antony Gormley y trae la forma de hacer de uno de su raza, Tsai Ming-Liang porque de abstracto parece que realiza una sublimación del paisaje y la tierra se separa del aire y del agua: “Como con Beckett, simplifica al máximo el lenguaje para transmitir cosas profundas con nada”. 
Además, activa el sentido del oído y pincha a Philip Glass en “Koyaanisqatsi”. Dice que su obra es minimalista y repetitiva: “Cuando la escuché, pensé que va más allá, que es lo que me gusta”. El cine es para Patiño algo así. Cuando trabaja trata de ser él mismo en diálogo con lo que ya se ha hecho: “Está el industrial y el de autor, cuando hablas de público es para llegar al masivo, pero creo que no hay que pensar en eso porque caes en el denominador común”. 
Su siguiente reto que titulará o no “Tempo vertical”, aún no lo sabe, coqueteará con la escultura en esa inmovilidad que le interesa, pero también habrá los travellings largos y los planos fijos, que le llevaron a ser reconocido en Locarno, Argentina o Uruguay. Para que las imágenes sigan supurando misterio y poesía: “Esa parte plástica que me conmueve no quiero perderla”. n