15:34 h. Miércoles, 16 de mayo de 2012

 

Allí donde las hormigas son personas

| Actualizado 06 Febrero 2012 - 00:12 h.
El joven compite con otras cuatro propuestas	javier alborés
El joven compite con otras cuatro propuestas javier alborés

Sergio Irigoyen cuenta en Matogrande las horas que le faltan para saber si se convertirá o no en el nuevo Premio Minotauro de ciencia ficción por una novela con la que se estrena, donde las hormigas alcanzan la categoría de personas y en el que los hombres desarrollan un sistema de comunicación con ellas. El jurado dictaminará su veredicto el jueves.

Sergio Irigoyen sitúa al lector en el 2105 en el mismo sitio que un día pisaron los dinosaurios. Sin embargo, en su planeta, las hormigas ya no están al final de la cadena porque él se ha encargado de ascenderlas hasta el nivel de los humanos. Por el poder que tienen de comunicarse y de poner su ecosistema más inmediato a su antojo, el único finalista gallego al Premio Minotauro de ciencia ficción les ha dado el papel de protagonistas.

Irigoyen hace iguales en su primera novela a hombres y hormigas con un sistema de comunicación común

Ellas y los hombres comparten eslabón a pesar de la diferencia de tamaño. Dice Sergio que desde siempre este género ha inventado seres increíbles, muchas veces alienígenas con el don de salvar el mundo. En su caso, no ha tenido que recurrir a la chistera para sacar una especie inventada. La suya tiene que ver con un tipo de insectos tan geniales que son capaces de realizar labores de agricultura y ganadería sin que apenas sean vistos por el resto del reino. Salvando las distancias, asegura, personas y hormigas se parecen mucho socialmente.

Por eso, ellas alcanzan en sus páginas el calificativo de personas con derecho a participar en las mismas Naciones Unidas y bajo el amparo de la ley que penaliza a quien se atreva a acabar con la vida de las cinco clases de hormigas privilegiadas.

Es así como Sergio Irigoyen luchará con esta propuesta por el primer puesto del podium de un certamen donde entregaron manuscritos hasta 227 candidatos, de los que solo quedaron cinco. Él es la única representación gallega en el concurso y su novela, la primera que escribe. Explica que quiso hacerlo con el objetivo de seguir unas pautas que acotasen su impronta. Que le pusieran muro a su parcela imaginativa.

De esta forma, las bases le ayudaron a limitar una historia que se presenta ante el jurado con pajarita de colores. Es original por antonomasia. El joven de 29 años explica que con haber llegado a la final ya ha cumplido la primera parte de la misión, que no es otra que la de distinguir su novela con una marca para abrirse paso en un mercado que está superpoblado y que no acepta títulos que no tengan de antemano un premio o una mención.

Sus dos kilos de ciencia ficción tienen un poco de aquel tiempo cuando el reloj se paraba y Sergio devoraba literatura fantástica y de terror a escondidas. Irigoyen señala que no recuerda ninguna etapa de su vida lectora sin uno de estos tomos rondando por la mesilla. Es por eso que no podría haber otro género de las letras más propicio para comenzar a darle forma a su afición de narrar.

En cuestión de año y medio, condujo su trama hormiguera por un sistema de comunicación inventado para el que cogió apuntes de sobra conocidos por él sobre cómo estos bichos son capaces de transmitir a través de un leve tamborileo que surge de golpear las patas contra su cuerpo, además de combinar feromonas, que, al contrario que los hombres, reconocen. Por ellas, indica el experto, actúan en consecuencia.

Sus compadres les advierten así de la presencia enemiga o de la existencia de víveres y esto hace que en la historia los hombres las traten de iguales, cuando en la actualidad ambos conforman el 20% del peso total de planeta Tierra. Ahora solo falta saber si esos dos kilos de argumento logran empachar a gusto al jurado.

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